Maggie Tulliver

Personaje de El mo­lino junto al Floss (v.), novela de George Eliot (1819-1880). Como de costumbre, la novelista nos hace asistir al progresivo des­arrollo del carácter de su personaje, cuya juventud refleja, en parte, la suya propia.

Hallamos primeramente a Maggie niña en el molino paterno: es una criatura de rara expresión, con largos cabellos negros y ojos negrísimos y vivaces, impetuosa, indis­ciplinada, vehemente en sus deseos y sú­bitas inspiraciones, y llena de ardiente e inquieta inteligencia. Debido a sus atolon­dramientos y descuidos, riñe a menudo con su querido hermano Tom (v.), cuyo carácter contrasta netamente con el suyo. Dominada enteramente por la fantasía, Maggie siente el deber en forma de sú­bita inspiración de su alma apasionada, no sabe oponer ninguna resistencia racional y segura a las tentaciones, y es indulgente con los demás y consigo misma.

Su ne­cesidad de amar y de expansionarse per­manece ahogada por el ambiente en que vive, y no encuentra guía y consuelo has­ta que, llegada a sus manos La imitación de Cristo (v.), renace a una nueva exis­tencia, y toda su alma se concentra e in­flama en un solo pensamiento, el de la lucha y la victoria contra las tentaciones del egoísmo. Sin embargo, el mismo mis­ticismo le da una exaltación que es fuente de peligros; su imaginación le enturbia el juicio y ofusca la claridad de su concien­cia, y así, confunde’ la piedad hacia Fe­lipe Wakem con el amor, y se rebela con­tra la férrea severidad de su hermano, que ella, desdeñosa hacia los prejuicios, juz­ga inicua y cruel, cuando la experiencia hubiera debido enseñarle que tal rigidez era precisamente la defensa más segura con­tra los extravíos y errores.

Su mismo en­tusiasmo impulsivo no dominado por el ra­ciocinio la hace ceder a su pasión hacia Esteban. La equivocación de Maggie reside en el hecho de saberse sacrificar pero no humillar; con la derrota de este magnánimo y heroico carácter (la muerte de Maggie es realmente heroica), Eliot ha querido de­mostrar que la prudencia no consiste en afianzar la propia independencia, como si poseyera algún principio racional absoluto, sino en la coordinación de todo nuestro ser con el ambiente en que vive.

M. Praz