Maese Pulga

Héroe del más extraor­dinario de los cuentos de E. T. A. Hoffmann (1776-1822), que lleva éste mismo nombre. Un ser misterioso y sobrenatural, oculto bajo el aspecto de una pulga, acom­paña al Peregrino Tyss a través de mara­villosas aventuras, para tratar de salvarle de su enojosa soledad y devolverle la existencia feliz ya vivida en la dichosa inocencia de la niñez.

Como es natural, Maese Pulga posee en este caso, gracias a un misterioso privilegio, cual ocurre en el perro Berganza (v. Fantasías a la ma­nera de Callot) o en el gato Murr (v. Con­sideraciones del gato Murr), más expe­riencia y juicio que el hombre, desviado de la vida sencilla y sana por varios siglos de civilización, por cuyo motivo deja éste que le guíe e instruya. Numerosas son sus sorprendentes posibilidades; entre otras, cuenta con la ayuda de su mágico Augenglas, especie de lente prodigiosa con la que consigue ver la intimidad de los pen­samientos ajenos y descubrir un microcos­mo en perenne transformación.

Ello da origen a una vida inesperada, creada por una fantasía delirante que destruye toda categoría de espacio y tiempo y supera los límites de la verosimilitud, sin detrimento, no obstante, de nuestra curiosidad e inte­rés. A veces parece como si con este cuento el autor hubiese tratado de dar una ense­ñanza moral: cualquier intento de violar las leyes de la naturaleza conduce fatalmente a un lastimoso fin. ¿No podría ser también que Hoffmann quisiera mofarse con ello de la ciencia que todo lo pretende des­cubrir y alcanzar, aun el origen de la vida? En realidad, no es así; en estas siete aven­turas de Maese Pulga, como en otras par­tes, Hoffmann no tiene más intención que la de inventar y narrar por el mero placer de hacerlo para sí y para los demás.

R. Bottacchiart