Liza

Heroína de la narración rusa La pobre Liza (v.), del historiador y escritor Nicolás Karamzin (Nikolaj Michajlovič Karamzin, 1766-1826).

Hija de campesinos y prometida al hijo de un rico labrador, se enamora de un joven noble que, luego de varias vicisitudes, la abandona; movida por el dolor, la muchacha se arroja a un es­tanque y muere ahogada. Personaje más bien convencional, con la artificiosidad sen­timental de una época dominada todavía por la Clarisa Harlowe (v.), la Liza de Karamzin gozó de tal popularidad que dio lugar a manifestaciones de emoción colec­tiva: el monasterio de San Simón, cerca de Moscú, en cuyos alrededores el escritor había situado la vida de la heroína, se con­virtió en meta de paseos sentimentales, y las aventuras de la «pobre Liza» en argu­mento de las elegías de algunos poetas y poetastros contemporáneos.

El mayor de­fecto de esta figura reside en lo común de su linaje — no es más que la hija de unos vulgares campesinos —, mientras que su psicología corresponde enteramente a la de las protagonistas de las novelas sentimen­tales de la época, criaturas idealizadas y casi totalmente ajenas a la realidad. De to­das formas, el análisis de esta psicología, de la aparición del amor y de la desespe­ración que lleva a la heroína al suicidio, no es indigno, en su sencillez y claridad, de un gran escritor, y, ya en la misma época del relato, se justificó el contraste entre la realidad y la idealización en la afirmación de que «también los campesinos tienen sen­timientos», detalle de no pequeña impor­tancia, aun desde el punto de vista social, en cuanto a sus consecuencias para la for­mación de la nueva conciencia rusa. E. Lo Gatto