Gregorio Michailovich Litvinov, protagonista de la novela Humo (v.), de Iván Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818-1883), debería haber sido un «hombre nuevo», representante de la generación rusa de la segunda mitad del siglo XIX, un hombre «positivo», de «honesto orgullo plebeyo», pero, en cambio, permanece vinculado a la debilidad, candidez y falta de voluntad típicamente rusas que se concretan en una niebla de aspiraciones, en un «humo» que envuelve su mente y su vida.
Como tantos otros héroes de Turguenev, se trata de una especie de Hamlet (v.), siquiera con la diferencia de que en él la duda precede también a la concreción lógica de las mismas posibilidades de la vida: frente a él no hay un ser y un no ser, sino solamente formas indefinidas de posibles modos de existir. Es, por lo tanto, un hombre positivo sólo en potencia, incapaz de fijar definitivamente sobre esto o lo otro el acento de lo positivo. La figura de Litvinov, fue una de las más atacadas por la crítica rusa, la cual, compartiendo la indignación levantada por la novela, vio en ésta, y, singularmente, en el protagonista, una sombra cernida precisamente sobre la nueva generación que juzgaba haberse sacudido de encima la mayor parte de las acusaciones formuladas por Turguenev durante los decenios precedentes en los personajes de Rudin (v.), Lavrecki (v.), Bazarov (v.) y tantos otros.
E. Lo Gatto

