Personaje del diálogo de este mismo nombre (v.) de Platón, ateniense (427-347 a. de C.). Se trata de un muchacho de familia noble a quien Sócrates (v.) desea conocer a causa de los elogios que de él ha oído en un grupo de jóvenes.Uno de éstos, Hipótales, que está enamorado de él, confiesa a Sócrates, debido a la jocosa insistencia de los compañeros, su pasión hacia el jovencito, y, mediante elogiosos versos acerca de las glorias de la familia y los antepasados de Lisis, explica de qué forma ha tratado de alcanzar su amistad.
Sócrates no aprueba el método de Hipótales: no debe viciarse a los muchachos, a quienes hay que tratar con otros procedimientos; si logra ponerse en contacto con Lisis hará ver a aquél qué conducta debe seguirse para con los jóvenes amados. En el interior de la palestra, algunos muchachos están jugando con los astrágalos, mientras otros se distraen viéndolo; entre todos, destaca, por su belleza, Lisis, coronado de flores. El jovencito es presentado, juntamente con sus coetáneos, en una escena de alegre vivacidad que incide en el ambiente de todo el diálogo. Lisis es tan hermoso que no puede dejar de ser también bueno, éste es el primer juicio de Sócrates.
El muchacho no defrauda las esperanzas: responde con modestia e inteligencia a las preguntas del filósofo, que trata de examinarle. La intervención de Menéxeno, el fiel compañero de Lisis, confiere mayor seriedad a la discusión, y plantea el problema de la amistad. El muchacho manifiesta un gran interés, sigue con atención y, a veces, enardecido, interviene, ruborizándose luego súbitamente.
La discusión queda sin terminar, como en otros diálogos juveniles de Platón, a pesar de que hay ya en ella algunos indicios de su posterior teoría acerca del amor: aquí tiene solamente un carácter pedagógico, destinado a mover al bien dotado Lisis a la investigación y a formar su espíritu. La figura del joven está armónicamente delineada, y los impulsos de su alma ingenua y graciosa se siguen con afectuosa complacencia.
A. Pasquinelli

