Leila y Magnùn

Pareja de amantes protagonistas de todo un ciclo novelesco oriental, notablemente tratado sobre todo por la literatura persa y las dependientes de ella, la turca y la indostánica.

El ori­gen de esta leyenda amorosa es árabe; Magnùn — en árabe, «loco» (de amor)—es el apodo de un personaje, sin duda his­tórico, llamado, en realidad, Qais; perte­neciente a la tribu de los Banu Amir, vivió, probablemente, en los siglos VII y VIII d. de C., y fue poeta y mártir de amor por causa de la hermosa beduina Leila. Es casi seguro que los versos árabes transmitidos bajo su nombre son apócrifos. Sea como fue­re, la fantasía del persa Nizami (m. en 1202) se encariñó con la leyenda, que circulaba en prosa árabe por el mundo islámico, y le dedicó uno de sus cinco famosos poemas novelescos (v. Leila y Magnùn).

En él aparece Magnùn como hijo de un rey de Arabia (la leyenda original, en cambio, le hacía un sencillo beduino), que, defraudado en la esperanza de casarse con su amada Leila, pierde el juicio y se retira al de­sierto, donde vive cual un anacoreta del amor. Leila se une a otro hombre, pero se mantiene fiel a Magnùn y llega incluso a visitarle furtivamente; luego, cuando, tras la muerte del esposo, los amantes están a punto de alcanzar la felicidad, Leila muere, y, no mucho después, le sigue a la tum­ba Magnùn, víctima de consunción.

Esta historia amorosa, cuyo sentimentalismo ad­quirió aún mayor agudeza por la manera como el poeta persa trató el tema, conoció un gran éxito en el mundo oriental. Leila y Magnùn son precedentes de los héroes románticos, para quienes el infortunio es un elemento esencial en la fórmula de su amor, e introducen el género de pasión exacerbada que encuentra su mayor inten­sidad en la misma insatisfacción, y que, finalmente, acabará sólo por vivir en cuan­to permanezca insaciada.

Por ello, cuando, tres siglos después, Leila y Magnùn re­aparezcan en el poema de su mismo nom­bre (v.) de Giami de Harát (m. en 1492), poco va a ser lo que conserven de su pri­mitiva fisonomía, sumergidos desde entonces en un mundo místico al que la mujer no logra elevarse fácilmente, mientras Magnùn mora en él con gran naturalidad; y aún veremos cómo el Loco de amor rechaza a su hermosa como perturbadora del perfecto amor divino en que se halla envuelto. Esta bella historia de amor y de muerte fué tema predilecto de las ilustraciones de las miniaturas persas.

F. Gabrieli