Muchos son, en la literatura teatral de todos los países, los personajes iguales a éste, y más o menos semejantes, a veces, a Lelio (v.) o Florindo (v.). El más importante de ellos es el protagonista de una comedia de Jean-François Regnard (1655-1709), El distraído (v.).
Este amante que anda siempre por las nubes y une a su genérica y honrada personalidad de primer enamorado una distracción fuera de lo ordinario, perfecto hombre común quizá gravado por el peso de una particular excentricidad y lleno de afecto hacia su Clarisa, aun cuando capaz de olvidar haberse casado con ella el mismo día de la boda, constituye, realmente, un tipo. Lástima que, por distracción, no se percatara de su pequeña tragedia y no supiera sufrirla: permaneció en el teatro cómico cuando hubiese podido pasar, con pleno derecho, al drama; y, entre las escenas jocosas, careció de resonancia.
Goldoni intervino para hacer comprender que las extravagancias sólo tienen valor cuando se hallan vinculadas a realidades íntimas y a inconscientes actitudes morales; de otro modo, no aparece el personaje, sino únicamente su caricatura. Y tal permaneció, pues, aunque como una de las mejor logradas. El autor español Jacinto Benavente (1866-1954) en su obra Los intereses creados (v.) nos da su visión idealista del enamorado Leandro, al que salva del fracaso Crispín (v.), el criado astuto y previsor.
U. Déttore

