General ateniense nacido hacia 470 a. de C., desempeñó un papel muy importante en la vida política y militar de su ciudad durante la guerra de Sicilia.
Fue estratega varias veces: en 425/24, 416/15, 415/14, y tuvo por colegas de generalato a Nicias y Alcibíades (v.). Pero de su verdadera figura histórica no nos queda más que el nombre, en el deformado personaje que, invocado por el coro (v.), con una estrofa de parodia trágica, aparece en escena en los Acarnenses (v.), de Aristófanes (4509-385 a. de C.). Lámaco se convierte bajo la pluma del comediógrafo en un testarudo partidario de la guerra, en un fatuo Argante (v.), en un brutal matasiete, únicamente dotado de fuerza física.
Es, en una palabra, un tipo esquemático, psicológicamente pobre, que oscila entre el «miles gloriosus» y el bravucón. Se trata probablemente de una figura tradicional, anterior a Aristófanes, a la que éste da el nombre de Lámaco únicamente por razones de polémica política. Más tarde, una vez que se hubo desvanecido el estado de ánimo que empujaba a Aristófanes a una descripción tan negativa, Lámaco fue reconocido en su propio valor en las Tesmoforiazusas (v.) y en Las ranas (v.).
P. Pucci

