La Gaviota

Protagonista de la nove­la española de este nombre (v.), de Fernán Caballero (Cecilia Bóhl de Fáber, 1796- 1877). Gaviota es el apodo dado a María Santaló, muchacha de trece años, por un mozuelo de la comarca, porque tiene las piernas muy largas, vive tan bien en el agua como en tierra y canta, chilla y salta de roca en roca cual lo hacen las gaviotas.

Se trata de una criatura medio salvaje, pero que, no obstante, posee una maravi­llosa voz. Un médico alemán, músico de edad madura y hábil flautista, la oye, la instruye y hace de ella una perfecta can­tante. Sin embargo, por uno de tantos con­trastes como a menudo se dan, el espíritu de la muchacha no responde a la delica­deza de su voz. Fría, desdeñosa, descarada, terca y dura de corazón, se casa con el médico que le ha enseñado el canto, pero sin pizca de simpatía ni tampoco de aver­sión, sino con cínica indiferencia y por interés.

Se presenta a escena y triunfa. Inflamada por una súbita llamarada sen­sual, se convierte, en Sevilla, en la amante de un famoso torero, pero la pasión no re­basa el aspecto físico: atracción carnal, fue­go prendido en la sangre por el prestigio popular de un lidiador. De ello se percata su esposo, que la abandona; el torero mue­re en una corrida, y María, ya gravemente enferma de bronquitis, empeora en medio de tantas desgracias y pierde la voz. Y así, se ve sumida en la ruina.

Volveremos a encontrarla en su comarca natal, casada — muerto ya su marido — con un barbero, camorrista desgreñada, insolente y rega­ñona, con la voz ronca, y un hijo a cues­tas y otro de la mano, evidentemente mal cuidados… Criatura abyecta, carente siem­pre de todo impulso que la levante, si­quiera sea por un momento, de su vileza, sus facultades quedan limitadas a su gar­ganta y a sus oídos, sin ascender jamás al cerebro ni bajar hacia el corazón, y un día se desvanecen, dejando únicamente en el espíritu un rastro de sordos e irritados re­sentimientos.

F. Carlesi