Kuligin

Personaje del drama ruso El huracán (v.), de Alejandro Ostrovski (Aleksandr Nikolaevič Ostrovskij, 1823 – 1886). Aparentemente personaje secundario, ad­quiere relieve si le consideramos en su significación de protesta consciente contra la hipocresía, la arbitrariedad, la corrup­ción y la ignorancia del ambiente en que vive, que tan bien pintó Ostrovski en sus comedias de costumbres.

La protesta cons­ciente de Kuligin sirve para completar la protesta instintiva e inconsciente de Cata­lina Kabanova (v.), protagonista del dra­ma. El tipo de Kuligin está evidentemente sacado de la realidad cotidiana rusa, y en la literatura no tiene muchos predecesores, pero sí muchos sucesores. Es el autodidacta entusiasta y lleno de sensibilidad y de poesía, el mecánico que sueña en resolver el problema del movimiento continuo, no para enriquecerse, sino para poder ayudar a los pobres.

Llega incluso a dirigirse a Dikij, uno de los más odiosos personajes del ambiente en que vive, para pedirle en préstamo una pequeña suma que le es ne­cesaria para el «bien común», esto es, la construcción de un reloj de meridiana y de un pararrayos. En él está también muy desarrollado el sentimiento estético: Kuli­gin sabe gozar de la belleza de la natura­leza y siente la fascinación de la poesía, que conoce a través de los autores del si­glo XVIII, Deržavin y Lermontov.

Lo mis­mo que Catalina Kabanova, las «costumbres crueles» que dominan en la pequeña ciudad provinciana en que vive, le hacen sufrir. Sin embargo, el hecho mismo de que en un ambiente semejante pueda existir un tipo como el suyo demuestra, como la crítica rusa ha subrayado, con razón, que en el pueblo vivían por entonces fuerzas creadoras y honradas. Lo mismo de él que de Catalina podría decirse que es «un rayo de sol en un reino de tinieblas», la afirmación de la fe frente al derrumbamiento de un mundo ya corroído.

E. Lo Gatto