Konrad Wallenrod

Personaje que existió históricamente a fines del siglo XIV y a quien Adam Mickiewicz (1798-1855) hizo protagonista del poema que lleva su nombre (v.). El Konrad Wallenrod de Mic­kiewicz, por lo demás, tiene muy pocos rasgos comunes con aquel de quien hablan las crónicas.

Éstas únicamente nos dicen que fue gran Maestre de la Orden teutó­nica, a cuya cabeza combatió contra los lituanos, saliendo derrotado, y que terminó de una manera misteriosa. Sobre tan es­casos datos históricos el poeta polaco cons­truyó la figura romántica de un Konrad Wallenrod, caballero teutónico, gran Maes­tre de la Orden y jefe de ésta en la lucha contra los lituanos. Nos lo pinta envuelto en la sombra del misterio en las escenas de su elección y de la orgía que le sigue, así como en sus secretas entrevistas con la Reclusa de la torre.

Y cuando nos ente­ramos de su verdadera personalidad, que­damos estremecidos: Konrad es Alf, el li­tuano que fue raptado de niño a los suyos y se crió entre los teutones; un día huyó a su tierra y allí se casó con la hija del príncipe de Lituania, Aldona. Pero nada puede detener al hombre que ha jurado vengarse: su corazón está lleno de amor y de compasión por su pueblo oprimido y per­seguido, a la vez que de un odio feroz hacia los caballeros teutónicos que son la causa de todos los males; por ello Alf abandona a su esposa, regresa a la Orden bajo fin­gida apariencia, obtiene, a costa de largos años de disimulo, la confianza de los ca­balleros, y luego les guía a una derrota irremediable.

Los lituanos invaden las tie­rras de los caballeros teutónicos, incen­diándolo y destruyéndolo todo y llevando por doquiera la desolación y la ruina. Alf quisiera entonces regresar a Lituania con la Reclusa, que es su esposa, la cual le ha seguido condenándose con ello a una vida solitaria sin otro consuelo que la esperanza. Pero la traición se ha descubierto y los caballeros llegan dispuestos a dar muerte a Alf. Éste se suicida antes de caer en sus manos: un grito que llega desde la torre anuncia que Aldona ha muerto de dolor.

Wallenrod es el personaje más discutido de la obra de Mickiewicz: se ha dicho que era la glorificación de la mentira y de la traición, pero no es así, antes en realidad Wallenrod demuestra que los tiempos y las condiciones excepcionales crean por sí mis­mos la necesidad de hazañas no menos ex­cepcionales. Quien se consagra a redimir un pueblo puede, en ciertos momentos, in­fringir las comunes leyes morales.

Y aunque del poema nació el vocablo «wallenrodismo» para significar las relaciones entre vencidos y vencedores, el poeta se dio per­fecta cuenta de lo terrible que era el des­tino de un héroe obligado a seguir un camino tan tortuoso. La Reclusa Aldona ha­bía rogado a Alf que cesara en sus trai­ciones y asesinatos; ni siquiera en la muer­te, por lo tanto, Alf podrá hallar el reposo.

E. Damiani