Kordian

Protagonista del drama de su mismo nombre (v.) del poeta polaco Juliusz Slowacki (1809-1849). Kordian es un hijo de la época de Werther (v.) y de Ja- cobo Ortis (v.).

Sus cuitas personales y el dolor de la patria ensombrecen de tal modo su juventud que le empujan al suicidio. Pero no habiendo logrado darse muerte, en la que buscaba el olvido de su no co­rrespondido amor por Laura, Kordian, des­pués de vencer la repugnancia por la fácil voluptuosidad de Violeta, oye otras voces que le señalan imperiosamente el camino a seguir. No en vano brujas y demonios saludaron el nacimiento del nuevo siglo: reunidos en la cumbre de los Cárpatos, junto a la cabaña del mago Twardowski (v.), imponen al pueblo una nueva lucha en la que deberá orar, matar y maldecir.

Y aunque los ángeles hayan implorado com­pasión para los hombres que gimen bajo el yugo extranjero, el odio y la rebelión se ciernen sobre la tierra, en el aire que se respira y sugestiona a los espíritus. Kor­dian, de pronto, durante una ascensión al­pestre en las montañas de Suiza, siente en­cenderse en su corazón la llama de una nueva fe que le impulsa a la acción. En­tonces decide consagrarse por entero a la causa de la libertad nacional. En las con­diciones de total esclavitud a que su país se hallaba condenado, la única posibilidad de acción inmediata era participar en conspiraciones y recurrir al homicidio político.

El fervor de Kordian, su decisión y su en­tusiasmo le conquistan muy pronto la con­fianza de los demás conspiradores, y la terrible misión de dar muerte al más alto exponente de uno de los tres Estados que habían desmembrado a Polonia: el Zar de Rusia. Kordian no vacila. Se dirige al pa­lacio imperial, logra penetrar en su interior, llega sin ser visto hasta el umbral de la propia estancia donde duerme, ignorando el peligro en que se halla, su futura vícti­ma y no le falta más que un paso para dar el golpe cuando le asalta un escrúpulo: en el fondo de su conciencia hay algo que se rebela ante la idea de matar a un hom­bre inerme y dormido.

Y Kordian vacila, se confunde y se desploma desvanecido en el suelo, con el puñal en la mano. Descu­bierto, es inmediatamente detenido y con­denado a la pena capital. Kordian es una de las figuras más representativas del atormentado espíritu polaco de su época.

E. Damiani