Kipps

[Arthur Kipps]. Personaje princi­pal de la novela de su nombre (v.) del es­critor inglés H. G. Wells (1866-1947). Hijo ilegítimo de una mujer de la baja burgue­sía y de un desconocido, los cuales le abandonan a los cuidados de una pareja de media edad emparentada con su madre, es enviado, según deseo de ésta, a una de aquellas pésimas escuelas «particulares» que H G. Wells odiaba, pero que a menudo la gente del género de la madre de Kipps estimaba indispensable indicio de una as­cendencia social «superior».

A los catorce años Kipps entra a trabajar en casa de un comerciante en telas y — pequeña figura patética y desdichada en aquel miserable ambiente — arde en el deseo de una situa­ción mejor sin ver en modo alguno cómo lograrla. Los domingos solía caminar por las calles de Folkestone «como si anduviese buscando algo que hubiera perdido»: en esta frase se encierra toda su adolescencia. «Un vago descontento de la vida surgía irresistiblemente de vez en cuando, envol­viéndole por completo, como una niebla venida del mar».

Ese sentido de hostilidad del mundo ambiente, que le mantiene en­cerrado dentro de unos límites incompren­sibles e insuperables, explica la derrota psi­cológica de los temperamentos como el de Kipps. Consciente de su falta de instruc­ción, intenta mejorarla frecuentando escue­las nocturnas, sin éxito. Habría sido na­tural que, al heredar inesperadamente una considerable finca y una renta anual de 1.200 libras, del abuelo cuya existencia ni siquiera conocía, su sentido de inferiori­dad desapareciera, pero más bien aumenta, por cuanto, en sus tentativas por entrar en el mundo de la gente más rica, Kipps se da todavía mayor cuenta de su inferio­ridad «social»: ineptitud para elegir los trajes adecuados, hacer las observaciones convenientes, comer según las reglas y ha­blar «correctamente».

Pero a pesar de todo, no pierde su fundamental sentido común, y tras una dura lucha interna rompe su no­viazgo con una muchacha de la alta bur­guesía cuya familia aspira sobre todo a su dinero, y se casa con la amada de su in­fancia, que ahora está sirviendo como ca­marera. Pero también ahora el dinero se interpone entre ellos, y antes de ser felices los Kipps deberán perderlo y enfrentarse juntos con la vida sin más recursos que sus dotes personales. Kipps es el claro sím­bolo del «hombre modesto», persona humil­de de capacidad limitada a la que la so­ciedad niega las posibilidades de desarro­llarse por completo, oponiéndole unas ba­rreras que él no tiene fuerzas para romper.

A veces Wells pone demasiado énfasis en ese aspecto teórico de su figura, pero ésta no es únicamente un símbolo: es una cria­tura que en cierto modo participa de la personalidad de su creador y de aquel sen­tido de realidad viviente en el cual un no­velista fracasa por completo.

M. Dodderidge