Juana de Arco

Después de la soporífera Pucelle de Jean Chapelain (1595-1674), Voltaire (1694-1778) volvió contra Juana de Arco los rayos de su anticlericalismo haciéndola protagonista del poema heroicocómico La Doncella de Orléans (v. Juana de Arco).

Contra la «rage du fanatisme», esta Juana de Arco re­duce a una aventura terrenal, llena de hu­mor y de salud como una tela de Rubens, la aventura misticopatriótica de la donce­lla visionaria; con paso firme y con innata honradez, sigue su camino en medio de un hormiguero de motivos heroicocómicos ge­neralmente de carácter erótico, que acabarán despertando en ella un agudo deseo de los goces de amor, a los cuales, sin em­bargo, renuncia no sin grandes suspiros, ya que ha de llevar a victorioso término su empresa con ayuda de los santos. La presen­cia de esta Juana aporta al cortejo de sus paradisíacas predecesoras y seguidoras una peculiar moralidad un poco gruesa y picante, pero auténtica.

G. Veronesi