[Yěhōšūa]. Protagonista y probable autor del libro de su nombre (v.), Josué es el artífice de la conquista de Canaán por el pueblo de Israel.
Fiel seguidor de Moisés (v.) y luego sucesor suyo, su figura no alcanza en la Biblia (v.) las gigantescas proporciones de la de aquél. Las frecuentes alusiones a las disposiciones de aquel gran jefe e incluso el paralelismo que se observa entre algunos prodigios y visiones de uno y otro revelan el carácter imitativo o secundario de Josué, por lo que se refiere a su. intuición mística y a su genio creador.
Por encima de todo es un realizador enérgico, y, como tal, está dotado de gran valor y de una indómita firmeza así como de considerable rapidez de movimientos, seguridad y habilidad de estratega, todo ello sostenido con una profunda fe en Dios y en su «siervo» Moisés. Bajo este aspecto, Josué aparece como héroe de una grandiosa epopeya que, por la importancia de su significación y por su gran aliento religioso, sólo halla un pálido paralelo en aquella contemporánea suya que nos han transmitido los poemas homéricos (v. Ilíada y Odisea).
La extraordinaria conquista de Jericó al fatídico sonido de las trompetas y el «párate, oh Sol», que permite a Josué completar su victoria en la ladera de Gabaón, son los puntos culminantes de un irresistible ardor guerrero, de raíces mucho más profundas que las de un fanático nacionalismo. Las mismas destrucciones que inexorablemente hubo de llevar a cabo en ciudades y pueblos, y que tanto repugnan a nuestra mentalidad cristiana, a la que por otra parte no son desconocidas, tienen explicación no sólo en la costumbre oriental, sino en una segura y franca conciencia de que el derecho, que era el derecho de Dios, estaba de parte de Israel, «para que las gentes conocieran el poder de Aquél y supieran que no es fácil combatir contra Yahvé» (Eclesiástico, XLVI, 8).
De esta puntual y concreta fidelidad a su misión, a la vez terrena y sobrenatural, Josué constituye, en la Biblia, un ejemplo sin par.
E. Bartoletti

