Es el personaje más vivo de El anticuario (v.) de W. Scott (1771- 1832). Scott confesó que había tomado como modelo a un arqueólogo amigo suyo, George Constable, pero él en persona tenía muchas de las amables debilidades del viejo aficionado a la antigüedad, de tal modo que su personaje queda rodeado de un halo de tiernos recuerdos de su propia experiencia de constructor y amueblador según las características del estilo medieval.
La filosofía de la vejez que Oldbuck expone a su joven amigo Lovel es la misma del Diario del propio Scott. Uno de los episodios en que el humorismo del viejo anticuario brilla más es aquel en que explica a su derrochador sobrino las bellezas de la ley sobre los deudores, demostrando a satisfacción propia, más que a la de su impaciente interlocutor, «que en este bienaventurado país nadie puede ser legalmente encarcelado por deudas».
M. Praz

