[Giacinta]. Protagonista de la novela de este nombre, de Luigi Capuana (1839-1915). Pariente lejana de Emma Bovary (v.), es a su vez adúltera y suicida, cual la heroína de Normandía; sin embargo, no son precisamente sueños de evasión ni el choque con una realidad distinta de los paraísos artificiales de la fantasía quienes la conducen a tan dolorosa resolución.
Arrogante, siempre la misma, justamente avergonzada de la violencia sufrida, de niña, por parte de un vulgar criado y compañero de juegos al mismo tiempo, y consciente de los tristes prejuicios que llenan el espíritu de los hombres, aun de los mejores, Jacinta no ha querido casarse con él hombre a quien adoraba y por quien era correspondida: ha jurado, sí, ser su amante, pero jamás su esposa, y no revela su secreto, aun a costa de aparecer caprichosa y perversa. Romántica a ultranza, sigue una lógica propia y desatinada, indiferente a las consecuencias.
Flor tardía del Romanticismo italiano, nacida en la segunda mitad del siglo XIX, desconoce vaporosidades y afectaciones. Bajo su graciosa máscara, esconde un corazón lleno de sensibilidad, pero también una voluntad inflexible; hermosa, afable, acogedora y compasiva con todas las desgracias, sabe, no obstante, alentar en su interior las decisiones más terribles y heroicas. Y así, cuando más sonríe indiferente, más tememos por ella: el miedo no podrá detener a Jacinta.
Su decisión está ya tomada cuando confía a su amante, la noche de la boda, su anillo de esposa: un vínculo para la eternidad, un matrimonio ideal que redime el adulterio desde sus mismos orígenes. No comprende que una pasión pueda tener fin, un día más o menos lejano: en este caso, es mejor la muerte, que ya se vislumbra en sus bellos ojos leales cuando habla de su amor y pide, como- precio, inquebrantables juramentos.
G. Falco

