[Iseult au Blanches Mains]. En la novela amorosa de Tristán (v.) y de Isolda la Rubia (v., y también Tristán e Isolda), esta Isolda de las manos blancas representa un personaje nuevo: la mujer casada sin verdadero amor, en busca del olvido de un amor distinto, y en cierto modo la víctima femenina que expía los errores de la femineidad universal.
Su drama no reside, pues, en ella, sino en la situación que la rodea, a la cual ella responde primero con la fuerza de su misma inconsciencia, luego con resignada mansedumbre y finalmente con ira exasperada. Su gran amor por Tristán es en el primer momento tan elemental y sencillo cuanto completa ha llegado a ser la pasión del hombre por la mujer de quien ha tenido que huir: Isolda la de las blancas manos se enfrenta con Tristán sin sospecha ninguna, ignorante y graciosa.
Intacta aún después de su matrimonio, un día que, por haber caído a un foso, se halla mojada hasta la cintura, observa alegremente’ que el agua ha demostrado más audacia que su señor Tristán: Isolda la de las blancas manos parece sintetizada en esta frase y totalmente ajena a un drama que ignora y que en cierto modo se desarrolla por encima de ella. Luego, empero, se muestra súbitamente capaz de intuirlo, ya que no de comprenderlo, y de resignarse a él. Pero poco a poco los celos despiertan en ella una malignidad hasta entonces desconocida que, en un temperamento como el suyo, naturalmente sumiso y sin complicaciones, se desencadena sin ceder ante freno ninguno. Y cuando tiene que anunciar a Tristán, moribundo, que Isolda la rubia está a punto de llegar, miente y le da la noticia contraria, y con ella la muerte.
Este último episodio, sin embargo, falta en algunas versiones inglesas y americanas, como el Sir Tristrem, la Muerte de Artús (v.), y el Tristrem de E. A. Robinson. En el breve drama de Thomas Hardy, La famosa tragedia de la reina de Comualles (v.), en el que el trueque de las velas es involuntario y la muerte de Tristán no es más que aparente, la incomprensión de Isolda de las blancas manos es, con todo, la causa de la verdadera muerte del héroe, ya que el haberle seguido hasta Cornualles revela su presencia al rey Marco, quien, lo mismo que en las otras dos obras, le quita la vida. Así Isolda la de las blancas manos es arrastrada por una aventura cuya verdadera heroína y cuya víctima material y espiritual es otra y constituye el primer esbozo logrado de un tipo que habrá de ser importante en la gran tradición narrativa del siglo XIX.
U. Déttore

