Personaje de una tradición epicoanimalística que se propaga durante la Edad Media por distintos países, gracias a obras que van desde el Isengrinus o Reinardus vulpes, breve poema latino de un tal Magister Nivardus, escritor flamenco de la primera mitad del siglo XII, hasta la Desgracia de Isengrin, de Heinrich der Glichezáre (segunda mitad del siglo XII), al Román de Renart (v.), al Reinlce de Vos, de Hinrik van Alkmar (fines del siglo XV), manteniendo cierta relación con la Ecbasis captivi (v. Fuga del prisionero) y con la afición por las refundiciones medievales de las fábulas de Esopo (v.).
Isengrin es el nombre del lobo, y en el mundo de los animales representa la rapacidad violenta. Algunas veces actúa como protagonista, mientras otras el protagonista es el zorro, Reinecke, o Renart (v.); a uno y otro se les atribuyen sentimientos humanos y actos semejantes a los ordinarios de los hombres, ya con intención didáctica, ya en busca de efectos satíricos. Sus sentimientos no pueden ser más elementales: Isengrin es violento y está siempre dispuesto a matar para saciar su eterna hambre, pero en el fondo es menos traidor y mentiroso que Reinecke. La moraleja no es «quien mucho abarca poco aprieta», sino más bien «más vale maña que fuerza».
El lobo se comporta como un verdadero héroe en todo momento, y por ridículas que parezcan su voracidad y su hambre insaciable, tal juicio no implica ninguna condena moral, pues su carácter se acepta tal cual es. La ingenuidad con que cae en las celadas que le tiende el zorro le sitúa en un plano superior a la satisfecha astucia de éste: en cierto modo, cabe sentir piedad del lobo, pero no del zorro. Por otra parte, carece de la risa burlona y del aplomo de su rival. El humorismo de algunas situaciones resulta sobre todo de las frecuentes alusiones satíricas a determinadas instituciones sociales y religiosas, especialmente contra la vida en los monasterios.
V. M.ª Villa

