Isembart

Protagonista de un poema francés del siglo XI (v. Gormond e Isembart) del cual se nos ha conservado sólo un fragmento, refundido en la novela fran­cesa en prosa Lohier y Mallard, de Philippe Mousket (siglo XV), es tal vez el personaje más trágico de los cantares de gesta rela­cionados con el Ciclo carolingio (v.).

Como Girard de Rossilhó (v.), ha sido ofen­dido por el propio rey, Ludovico Pío, pero, más desesperado que aquél, Isembart lleva su rebelión hasta la apostasía, ya que re­fugiándose cerca del rey sarraceno Gor­mond y renunciando a su fe, pasa a la epopeya como Isembart el Renegado y constituye una figura única, considerada a la vez con piedad y con horror. Su drama consiste en que, aun después de su aposta­sía, sigue sintiéndose francés y cristiano; puede devastar la tierra de Francia para vengar sus ofensas, pero, bajo cada una de sus hazañas, más fuerte aún que el sentimiento de venganza, pero también más secreto, late el deseo de ser derrotado por aquel pueblo al cual se siente ligado y cuyo enemigo odia en sí mismo.

Íntimamente descontento y tan mal visto por los cris­tianos, que en él desprecian al renegado, como por los paganos, que en él sospechan un traidor, Isembart se halla desesperada­mente solo, y solo morirá en la batalla im­plorando de la Virgen la paz y el perdón. El antiguo cantar rodea de conmovida pie­dad esta figura compleja en la que el tema de la rebelión del vasallo contra su señor — característico de los poemas de la época postcarolingia — se ve superado por la an­gustia del descontento interior; y la le­yenda del caballero renegado y desesperado debió de hallar sin duda en el pueblo una secreta comprensión, ya que todavía hoy, en el monasterio de Saint-Riquier, junto a Amiens, existe una «tumba de Isembart».

C. Cremonesi