Personaje de Humo (v.) de Iván Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818-1883). Irina Pavlovna, nacida princesa Osinin y luego esposa del general Valerian Vladimirovich Ratmirov, es una joven dama, bella e inteligente, refinado fruto de una sociedad elegante y distinguida.
Su figura constituye el eje de todo el relato. Desde su primera juventud, Irina revela un carácter apasionado pero inconstante, y una psicología compleja y contradictoria: «Vos passions vous perdront», le dice una de sus maestras, mientras otra la llama «une jeune filie sans cceur». Irina ha dominado siempre el ambiente que la rodea y por ello subyuga también a Litvinov (v.), el hombre que le ha dedicado su amor y a quien ella abandona por los atractivos de una rica y espléndida vida mundana. Diez años más tarde, entre la fatua y locuaz sociedad rusa que pasa temporadas en Baden-Baden, mezcla de nobles desocupados y de ilusos y abúlicos reformadores sociales, Irina, que es ahora una dama del gran mundo, rica y mimada, caprichosa e infeliz, halla de nuevo a su antiguo enamorado y renace entre los dos una pasión que arrebata no sólo al romántico y sensible Litvinov, sino también a Irina.
Ésta reconoce que la única verdadera e importante experiencia de su vida habrá sido este amor; y ciertamente es sincera en su entrega y en sus promesas de abandonar su elevada posición para seguir a su amante. Pero no tiene fuerzas para ello y por segunda vez traiciona la lealtad y el amor de Litvinov. El miedo y la inconsistencia moral son los dos rasgos característicos de la indecisión de Irina: ha causado desdichas y sufrimientos, pero no es una mala mujer; es sólo una mujer débil, cuyas pasiones no pasan de superficiales. Su comportamiento está iluminado por alusiones a un anterior devaneo con Potugin, personaje secundario, que ha sido también víctima del hechizo de la voluble Irina. «Es un espíritu maligno», dicen de ella las demás damas de la aristocracia, pero en su femineidad no hay nada agresivo ni fatal.
Turguenev no tiene compasión por esta creación suya femenina, por muy humana y viva que sea; por el contrario, es severo su juicio moral, ya que, según él, sin sentido de la responsabilidad la pasión no puede traer la dicha. Por lo demás, también tienen un tono más moral que social las veleidades polémicas de la obra contra la vida inútil y vacía de la aristocracia.
A. K. Villa

