Ilia Muromec

Entre los héroes rusos que figuran en el ciclo épico de Kiev alre­dedor del príncipe Vladimiro (v.), éste es el más famoso, el más popular y el más can­tado y celebrado.

Como Mikula Selianinovich (v.) del ciclo primitivo, Ilia Muromec, en el conjunto de las varias clases repre­sentadas por tal o cual «bogatyr» (héroe) encarna el estamento campesino, al lado de Dobrynia (v.), de origen principesco; de Aliocha (v.), hijo de un sacerdote, y de otros tantos. Del conjunto de los numerosos cantares dedicados a él, la exégesis ha fija­do como sigue los trazos de su personali­dad: Ilia es ante todo un sereno patriota, que no quiere para sí ni el poder ni los ho­nores ni la riqueza y que lleva a cabo sus hazañas no por gloria personal, sino en de­fensa de la tierra rusa y sin alabarse jamás de ellas.

Las bilmas, o cantares épicos po­pulares, le describen a menudo junto a la «heroica barrera en vela contra los enemigos procedentes de las estepas» (elemen­to histórico que las bilinas erigen en mito). Su tranquila valentía, su amor por la pa­tria, su religiosidad, su magnanimidad, su sencillez y rectitud de carácter y su falta de egoísmo son las cualidades morales que el pueblo ha atribuido a su héroe prefe­rido, juntamente con las más extraordina­rias y fabulosas aventuras. En efecto, Ilia ha adquirido su enorme fuerza después de permanecer treinta y tres años sentado sin valerse de los brazos ni de las piernas, gra­cias a algunos peregrinos que le procuraron también un caballo de héroe (elemento en el que cabe ver un influjo cristiano, llegado a través de los relatos apócrifos de las peregrinaciones de los apóstoles por el mundo).

Ilia combate contra los tártaros y contra el salteador Solovei, y llega a Kiev, donde se pone al servicio del príncipe Vladimiro, por el cual sigue luchando, a pesar de que ese santo gobernante no siempre le es favorable. Las aventuras fabulosas de Ilia dieron pie a distintas interpreta­ciones. Los mitólogos vieron en él un re­cuerdo del «dios tonante» que, aprisionado por el hielo durante el invierno, recobra la fuerza con la primavera; los eslavófilos lo interpretaron como la personificación de la tierra y del pueblo que sirve y que ara; la escuela comparativa halló en sus hazañas elementos comunes con la épica escandina­va, germánica, eslavo-meridional-bizantina e incluso persa, y finalmente los represen­tantes de la escuela histórica le consideran pariente del príncipe Vladimiro.

Probable­mente elementos de todas estas corrientes penetraron en las bilmas de Ilia, como en general en toda la poesía épica rusa: la fantasía popular, transmitida y enriquecida a través de los cantores, fundió todo ello, convirtiendo al héroe en el símbolo más característico de su existencia originaria, en lucha por la defensa de su tierra.

E. Lo Gatto