Hércules

La deformación cómica sufrida por di­versos personajes históricos y figuras mí­ticas ha caricaturizado singularmente a Hércules. En la parodia de Epicarmo (550- 450 a. de C.) y en la comedia ática, el for­midable dios de los famosos doce trabajos se convierte en un obeso glotón cuya fuerza física sólo es función de su gula extra­ordinaria. A

ello se añade una mentalidad particularmente dura que le hace grotesca­mente estúpido e inofensivo; sólo atemo­riza a los más necios que él, pero los listos le escarnecen como si fuera un niño tonto. En Las aves, de Aristófanes, Hércules, jun­to con Poseidón, se enfrenta con Pistetero (v.), quien pone en peligro, con la cons­trucción de la ciudad de los pájaros, la vida de los dioses. El hecho de que la elec­ción de embajador haya recaído sobre él se debe probablemente a su enorme corpu­lencia; no obstante, le basta aspirar el aro­ma de suculentos guisados para que se des­vanezcan todas sus fuerzas y propósitos.

En vano Poseidón trata de incitarle contra Pistetero: éste le engaña fácilmente inven­tando un sinfín de fantasías. En Las ranas, del mismo Aristófanes, Hércules, al encon­trarse con Dionisos que, como él, viste gro­tescamente, estalla en una ruidosa carca­jada. Dionisos no se inmuta y trata de darle a entender la razón de su descenso al Ha­des; pero Hércules es muy torpe, y sólo una original comparación de tipo culinario con­sigue abrir las tenebrosas meninges del gaznápiro para que pueda seguir con sufi­ciente atención una breve discusión litera­ria, durante la cual se exponen a los es­pectadores los motivos del descenso de Dio­nisos al Hades.

Finalmente, el dios del teatro manifiesta el motivo de acudir a Hércules, quien, aun cuando necio, se da cuenta de estar tratando con alguien más torpe e in­genuo que él mismo y le suelta una larga y terrorífica descripción de los lugares que Dionisos deberá atravesar. La figura de Hércules es un recurso cómico, un fácil y cómodo manantial de hilaridad. Su carica­tura debió de ser muy apreciada entre el público de Atenas, y los cómicos recurrie­ron a ella frecuentemente. Al igual que los tipos más famosos del teatro de títeres, apa­rece enzarzado en variadísimas aventuras en las que mantiene constantemente los rasgos que le ridiculizan.

P. Pucci