Hércules

[lat. Hercules]. Hi­jo de Zeus y Alcmena (v.), era el más po­pular de los héroes griegos; en toda Grecia se le veneraba como una divinidad. Esto impide todo intento de unificación de las infinitas leyendas que a él se refieren. A los dos años llevó a cabo su primera ha­zaña, destruyendo las serpientes que Hera había enviado contra él. Las leyendas más antiguas localizaban su origen en Argos, en el Peloponeso.

La famosa serie de sus doce trabajos no procede de la primitiva época, sino que se fue precisando en tiem­pos relativamente recientes. Según la enu­meración, estos trabajos eran los siguien­tes:

1) El león de Nemea, cuya piel, junto con la clava, convirtióse luego en uno de los inseparables atributos de Hércules, par­ticularmente en las representaciones artís­ticas del héroe;

2) La hidra de Lerna;

3) El jabalí de Erimanto;

4) La corza de Cerinea;

5) Las aves feroces de la laguna de Estinfalia;

6) La limpieza de los establos del rey Augias;

7) El toro de Creta;

8) Los caballos de Diomedes;

9) El cinturón de la reina de las Amazonas;

10) Los re­baños de Gerión;

11) Las manzanas de las Hespérides;

12) El Cancerbero.

Otras ha­zañas célebres, a menudo relacionadas con las más famosas, fueron añadidas a éstas; al regreso de la expedición contra las Ama­zonas, por ejemplo, el héroe se detuvo en Troya y castigó la traición de su rey Laomedonte dándole muerte y saqueando la ciudad. Cuéntanse, además, los servicios que, disfrazado de mujer, prestó a la reina Onfala, la liberación de Prometeo (v.) y de Alcestes (v.) y la participación en la ex­pedición de los Argonautas. Hércules se casó por primera vez con Megara, hija del rey de Tebas, Creonte.

Súbitamente enlo­quecido (por obra de Hera, que no había cesado de odiarle), mató a su mujer y a sus hijos. El segundo matrimonio está re­lacionado con su muerte. Conquistó a Deyanira en duelo con Aqueloo. Más tarde, por celos, mató al centauro Neso, quien, al morir, preparó su venganza aconsejando a Deyanira que recogiera su sangre y con­venciéndola de que gracias a ella podría conservar el amor de Hércules, cuando, en realidad, aquella sangre no era más que un veneno fatal. Cuando Hércules regre­saba de la toma de Ecalia llevando consigo a la bella Iole, Deyanira, celosa, le envió un vestido empapado en sangre de Neso. En cuanto se lo puso, fue presa de des­garradores sufrimientos y ordenó que se le erigiera una pira, sobre la cual murió.

Su figura desempeñó importante papel en la mitología política de Grecia, ya que de él decían descender los reyes dorios, macedonios y lidios. También estuvo relacionado a menudo con la religión y la filosofía, que le tenían como protector y defensor contra el mal, o bien como modelo por su tenaci­dad, lo sencillo de su vida y los servicios prestados al género humano. El sofista Pródico explicaba la significativa anécdota de Hércules en la encrucijada de los dos ca­minos que conducen a la virtud y al placer, de entre los cuales escogía el primero. Estoicos y cínicos le tuvieron como ejem­plo ideal de virtud.

En la literatura, el as­pecto múltiple de la figura de Hércules se prestó a diversas interpretaciones. Su pri­mera gesta infantil contra las serpientes es recordada varias veces por Píndaro, y, posteriormente, Teócrito narra con mayor extensión el mismo hecho en su idilio XXIV. En Las Traquinias (v.), Sófocles desarrolla el tema de los celos provocados por Deyanira y la muerte del héroe, pre­sentando a Hércules como culpable, pero, asimismo, como una figura dolorosa, rica en motivos humanos y no típicos. Eurípides, en cambio, en el Hércules furioso (v. Hér­cules), se refiere a la leyenda más trucu­lenta, de la locura y la muerte de los hijos, sin que, por ello, deje de lado el tipo del Hércules bienhechor y protector contra los malvados y los tiranos.

Muy distinto apa­rece, en cambio, en Alcestes (v.), del mis­mo Eurípides; en esta tragedia une a su amor hacia los hombres los motivos cómicos del Hércules voraz y bebedor, alegre y ge­neroso. Bajo el mismo aspecto humorístico lo presentaba la comedia de Aristófanes (v. Las ranas y Las aves). Hércules fue también muy venerado por los romanos, incluso en el aspecto religioso. Entre los escritores la­tinos, Séneca le dedicó dos tragedias: en el Hércules furioso (v. Hércules) vuelve a tra­tar el tema de Eurípides, y en el Hércules Eteo (v. Hércules) el de la muerte, los celos de Deyanira, el dolor del héroe mo­ribundo y el fin de ambos. El carácter de Hércules se prestaba a la reflexión filosófica que Séneca gusta de introducir en sus tra­gedias.

Por lo demás, y como temas co­rrientes en la literatura y aun entre el vulgo, se hicieron proverbiales la fuerza y la generosidad del héroe, considerado como el más fuerte de los hombres y el más humano de los dioses. En una de las fábulas de Esopo, Hércules, admitido al banquete de los dioses olímpicos, saluda cordial y respetuosamente a todos ellos, excepto a Pluto (v.), el dios de la riqueza. Al preguntarle Zeus el motivo de ello, res­ponde: «No quiero ni mirarle, por cuanto durante todo el tiempo que he permanecido entre los hombres le he visto generalmente en compañía de los malvados».

F. Codino