Personaje de Los espectros (v.), de H. Ibsen (1828-1906). La vida de esta mujer es toda ella desolación. Enamorada del brillante Alving, entonces joven oficial, huye de su casa al cabo de un año de matrimonio.
Luego, vuelta a los cauces de la ley y del respeto humano, se resigna a vivir al lado de su victorioso marido, luchando con todas las fuerzas de su alma por salvar las apariencias, asegurar la vida y el porvenir de su hijo Osvaldo (v.) y adaptarse a las normas de la sociedad, aunque choquen con sus ideas personales, por lo demás muy claras. Pero tanto heroísmo y tanta bondad resultan inútiles.
No salva la memoria de su esposo, porque ella misma se ve obligada, luego de muerto aquél, a revelar su corrompida vida; no salva el patrimonio, que en nombre suyo y de su hijo rechaza para crear con él algo que no esté grabado por el triste peso de una herencia enfermiza (destina ese patrimonio a un asilo, pero éste se incendia, y el poco dinero que queda sólo sirve para secundar turbios negocios); y no salva tampoco a su hijo Osvaldo, irremediablemente tarado por la sífilis que hereda de su disoluto padre.
Por no haber sabido mantenerse alejada de la inmunda casa de su esposo y por haberse adaptado a las conveniencias humanas, su corazón de madre deberá plegarse a jurar a Osvaldo que le facilitará un veneno que no le deje sobrevivir en la imbecilidad inminente.
A. Boneschi

