Héctor Fieramosca

[Ettore Fieramo­sca]. Héroe de la novela de M. D’Azeglio (1798-1866) Héctor Fieramosca (v.) y per­sonaje histórico en las obras de Damiani, Giovio (Vida de Gonzalo Fernández de Cór­doba), Sabellico, Galateo y Bossi y de ca­rácter poético en la obra de M. G. Vida (1490-1566) Pugilum certamen.

Estallada la guerra entre franceses y españoles a raíz de la delimitación territorial que siguió a la conquista de la región de Nápoles, los fran­ceses, tras algunas victorias alcanzadas so­bre los españoles, fueron derrotados y se rindieron a Gonzalo de Córdoba. Héctor Fieramosca aparece en todas las narracio­nes históricas como campeón italiano, junto a Gonzalo, en el desafío que en 1503 tuvo lugar entre trece jefes italianos y trece franceses a consecuencia de una expresión injuriosa pronunciada por un francés con­tra el valor italiano. Idealizado en la vida y en la muerte, la novela de D’Azeglio le presenta, con evidente oposición a la ver­dad histórica y a la índole del siglo XVI, como una encarnación anticipada del ciu­dadano bravo y altivo y del ardiente pa­triota al estilo del período histórico com­prendido entre 1820 y 1860.

Hijo de un gentilhombre de Capua y formado en la escuela de Braccio di Montone, el ejemplo de su padre le hace crecer en el valor mili­tar y la guía de Pontano en la formación intelectual. Debido a su seductora pres­tancia física, el campeón invencible es tam­bién el romántico por quien suspiran las muchachas, el que hace latir los corazones de Elvira, hija de Gonzalo; Zoraida, joven musulmana salvada por él de un naufragio, y Ginebra, esposa de Graiano d’Asti, a la que corresponde ardiente y secretamente. Como es natural a causa del gusto de la época, Graiano d’Asti, al que se daba por muerto, reaparece inesperadamente, tras una serie de asesinatos, traiciones, cautiverios y muertes, para someter a dura prueba la honestidad de Héctor y Ginebra; y cuando, herido en el desafío por la espada de Brancaleone, muere Graiano realmente y ambos jóvenes podrían entregarse sin remordi­mientos a su amor, Ginebra ha muerto ya y Héctor decide precipitarse a caballo en un despeñadero bajo el Gargano.

De esta suerte (y en detrimento de la verdad, por cuanto Fieramosca murió en Valladolid diez años después del desafío), éste se convierte en representante del honor nacional frente a Graiano d’Asti, soldado aventurero asalariado, y del perfecto caballero que, aun ante la muerte del rival, tras un espontá­neo sentimiento de alegría, experimenta un generoso dolor lleno de respeto. Héroe y amante infeliz, extraño a su época, es tam­bién la antítesis del mercenario, represen­tado por Graiano d’Asti, sobre el que el autor ha acumulado .arbitrariamente las cualidades negativas.

M. Maggi