Es el fundador de la raza armenia; según la tradición, recogida también por la Historia de Armenia (v.), de Moisés de Corena, fue nieto de Jafet.
Hallándose en Senaar, en la época de la torre de Babel, se rebeló contra Bel (Nemrod, v.), que pretendía ser adorado como dios, y se dirigía con su familia y su séquito a ocupar la tierra de Ararat, dominando a los pueblos que habitaban hasta entonces en ella. Bel, después de inútiles tentativas para someter a Hayk, decidió hacerle la guerra, pero el héroe armenio le venció y le dio muerte.
Hayk fue sucedido por su hijo Armenak, de cuyo nombre tomaron los extranjeros el de «armenios», con que designaron al pueblo de Hayk; los armenios, por su parte, se llamaron a sí mismos Hay, por el nombre del héroe. Lo mismo Moisés de Corena que todos los escritores posteriores exaltaron a Hayk por sus grandes virtudes caballerescas y por el culto que rindió al único dios verdadero. El padre mequitarista Arsenio Bagratuní (1790-1866) inmortalizó el nombre y la bravura de Hayk en el poema épico Hayk el héroe (v.).
El motivo dominante de la personalidad de Hayk fue la fe: una fe guerrera, que representa las primitivas y generosas aspiraciones de un pueblo, y que le emparenta más bien con los patriarcas bíblicos que con los caballeros medievales.
E. Pecikiam

