Personaje legendario indio, famoso por su virtud íntegra y constante y por su paciencia ejemplar. Viene a ser algo así como el Job de la India, exaltado en un Purāṇa (v.), dos dramas en sánscrito (Caṇḍákauśika o La ira de Kauśika de Kśemīśvara — de hacia el año 1000 — traducción italiana de Cimmino (1923), y Satyahariścandra o Hariścandra el virtuoso, de Rāmacandra — siglo XII —, traducción italiana de Vallauri, Florencia, 1913) y popularizado a través de numerosas refundiciones en distintas lenguas modernas de la India.
Hariścandra, rey de Ayodhyā, ha despertado, con sus raras virtudes, la admiración no sólo de los hombres, sino también de los dioses. El dios Indra (v.) hizo una vez su elogio, en la asamblea divina. Pero he aquí que dos de los seres celestes, que tienden a creer que la virtud de Hariścandra es un resultado de la felicidad en que vive, bajan a la tierra y le someten a toda clase de pruebas a cual más trágica. Frente a todas ellas permanece intacta y refulgente la grandeza moral del atormentado Hariścandra, de tal modo que al final la persecución termina y las dos divinidades tentadoras acaban reconociendo la justicia del elogio hecho por Indra y el virtuosísimo Hariścandra logra el premio de su heroísmo.
La analogía entre la historia de Hariścandra y la de Job es evidente. Uno y otro son relatos ejemplares, aunque independientes entre sí, en los que el detalle del prólogo celeste, ajeno a la redacción más antigua de la leyenda india, fue probablemente una importación occidental debida a los misioneros cristianos. Semejante prólogo se halla ya tácitamente sobrentendido en el Satyahariścandra y aparece en la mayoría de los dramas modernos y populares relativos al héroe.
M. Vallauri

