Galaad

[Galahad]. Protagonista del poema José de Arimatea (v. Historia del Graal) y personaje de otras varias narra­ciones de la Tabla Redonda.

Hijo natural de Lanzarote (v.) y de una hija del rey de Peles, Galaad es reconocido por su padre y armado caballero en una abadía escondida en el bosque. Tras haberse pre­sentado misteriosamente en la corte, se sien­ta entre los caballeros de la Tabla Redonda, consigue desenvainar una espada sumergida en el río que resiste los intentos de los más fuertes de aquéllos, aun de Galván (v.), y, luego, en un torneo, realiza verdaderos prodigios con la lanza.

Admitido a la pre­sencia del Santo Graal, que colma a los puros de un goce inefable, percibe súbita­mente su gracia, pero, debido a que el Vaso Sagrado se le aparece cubierto, parte en su busca junto con ciento cincuenta ca­balleros. No obstante, sólo tres de ellos son escogidos por Dios para asistir a los mis­terios del Graal: Boors de Gaunes, Perceval (v.) y Galaad.

El primero, sin embargo, peca, y únicamente a fuerza de tenacidad y penitencia logra purificarse; Perceval, aun siendo el «puro» por excelencia, no alcanza a defenderse totalmente de las tentaciones del Diablo (v.); solamente Galaad cons­tituye el perfecto caballero de Dios: su cas­tidad es absoluta, su brazo es el símbolo de la justicia divina, y será él quien con­siga el supremo honor de conquistar el Vaso Sagrado y presenciar sus misterios.

En Ga­laad pueden hallarse fácilmente todos los caracteres de una literatura caballeresca, convertida en adelante en «género». En realidad, Galaad no es más que un Per­ceval lleno de simbolismo y ascesis, que encama, con su valor y «sencillez», toda la renunciación cristiana.

L. Calcatena