Fortunio

Lozana figura del adolescen­te enamorado en El candelero (v.), de Alfred de Musset (1810-1857). De mayor ma­durez que el Querubín (v.) de Beaumarchais (1732-1799) y más consciente, perma­nece en muda adoración de su ídolo y en una romántica espera de la aventura.

Cuan­do puede acercarse a su hermosa y serle útil, todo él se llena de gozoso fervor; lue­go el darse cuenta de que ella se burla de él y ama a otro, le hace sufrir, y esta pena madura su amor, capaz ahora del sacrificio. Gracias a esta intensidad de su afecto re­velada a través de una, ingenua ternura, conquista a la mujer. Ya encaminado hacia el drama de la pasión renunciadora tan grato a sus colegas, Fortunio se ve alejado bruscamente de aquél para ser envuelto, casi contra su mismo deseo, en un aura de felicidad.

En ello reside su motivo cómico; la victoria alcanzada sin afán e inespera­damente, llegada en el mismo instante en que ya se abandonaba a una indefensa ge­nerosidad, destruye en él sutilmente al hé­roe, proyectando sobre sus románticos ras­gos una sutil claridad de vieja comedia dieciochesca.

C. Cometti