Florindo

En la «commedia del’Arte» de los siglos XVII y XVIII, Florindo, o Florido, es el «enamorado», el joven que precisamente se casará con la muchacha amada por cuanto representa el tipo ideal del hombre honrado.

No es, por lo tanto, una máscara, sino un símbolo optimista; sólo algunas veces pierde la cabeza y se desvía, aunque por poco tiempo, y única­mente para arrepentirse y volver a ser lo que era y lo que debe ser más bien que para cambiar de vida. Es, necesariamente, un personaje descolorido, educado, noble, generoso y sin defectos; se muestra muy respetuoso con las tradiciones, el amor, el dinero, la honra, y, en una palabra, con todo el orden establecido.

Habla comedida­mente, sin retórica; ésta reside en sí mis­mo, en el tipo; Así lo acogió Goldoni, quien perfeccionó todos estos caracteres; le quiso joven y honrado como el que más, y le confirió una absoluta coherencia. Des­pués de él, Florindo desaparece práctica­mente de los escenarios para volver a re­surgir momentáneamente a fines del si­glo XIX, en una obra cómica de Giuseppe Giacosa (1847-1907), El hilo, donde final­mente Florindo pudo encarnar la caricatura de sí mismo, sobria, sutil y vivificada por su tenue retórica.

U. Déttore