[Philomele, Philomela]. Las tristes aventuras de Filomela, hija de Pandión, rey de Atenas, tuvieron enorme resonancia en la tradición popular y literaria de toda Grecia, lo cual no dejó de repercutir, naturalmente, en la cultura romana.
La figura de la mujer inflexible e inhumana que, ayudada por su hermana Progné, venga la bárbara afrenta que le ha inferido su cuñado Tereo, rey de Tracia, halla, en la tragedia griega, estabilidad literaria en las obras de Esquilo y Sófocles, fundamentadas en una leyenda que narraba la metamorfosis de las dos Pandiónides, Filomela y Progné, en ruiseñor y golondrina. Tereo, rey tracio y esposo de Progné, violenta a su joven cuñada y luego le corta bárbaramente la lengua; Filomela borda en una tela el relato de la afrenta y lo manda a su hermana la reina.
Salvada por ésta, ambas despedazan a Iti, hijo de Progné y Tereo, y, a instancias de la cruel madre, sirven los miembros de aquél al rey, quien amenaza con la muerte a las dos feroces mujeres; sin embargo, la intervención de los dioses pone fin a la persecución homicida: Tereo es transformado en abubilla, Progné en golondrina y Filomela en ruiseñor, y aun hoy día la abubilla, de hosco semblante, continúa persiguiendo a los melancólicos cantores de la noche, que lloran su crueldad criminal. La triste aventura es conocida por toda la tradición clásica; ya Homero nos cuenta, en el vigésimo canto de la Odisea (v.), que Aedon (ruiseñor) dio muerte a su hijo Itilo movido por infundados celos, y Hesíodo conoce la versión que presenta a Quelidon (golondrina) como cómplice de su hermana Aedon, y a ambas como símbolo conjunto de la primavera.
Esta leyenda primitiva, originaria de Beocia o Fócida, es reemplazada muy pronto por la tradición focensemegárica (con la figura de Tereo-abubilla, rey tracio de Dauli o de Page), de la que depende sustancialmente la tradición ática, o trágica. Existe aún otra versión en el poema Ornitogonía (v.), del pseudo-Beo, la cual, influida por los cuentos y apólogos helenísticos, complica las aventuras y altera ciertos nombres (Politecno en lugar de Tereo, por ejemplo), aunque manteniéndose fiel a la localización de la leyenda en Mileto (versión asiática).
La caracterización que ha perdurado es, en esencia, la de Sófocles, que parece haber presentado (hacia el 430 a. de C.) a una Progné implacablemente resuelta a defender los derechos de su formación ateniense frente a la inhumana y bárbara lujuria del tracio, descrito como cruel e insolente tirano, desdeñoso de la gran ley moral de la culta Atenas; la mujer «malcasada» rompe sus vínculos morales ante el desprecio del sagrado derecho de la sangre y de la ley. También los romanos supieron apreciar esta situación intensamente trágica; Accio le dedicó una tragedia, Tereo, hoy perdida, que, siguiendo los pasos de Sófocles, parece haber estado basada en el aspecto político de la tiranía de Tereo; pero la verdadera herencia de la gran tradición griega fue recogida por Ovidio, quien, en sus Metamorfosis (v.), dedica a Filomela uno de sus mejores episodios, en el que la nostalgia, la crueldad, la lujuria, la falsedad y el odio inhumano llegan a alcanzar una poderosa tonalidad trágica en el momento de la catástrofe.
La influencia ovidiana se ejerció sobre toda la Edad Media, época, en la cual fue compuesto y falsamente atribuido a Ovidio el poemita Filomela; también los provenzales cantaron esas trágicas aventuras, y Petrarca dejó de ellas un dulcísimo eco en un soneto maravilloso, en el que describe la primavera y se vale aún de la expresión tradicional y muy clásica: «e garrir Progne e pianger Filomena». Pocas leyendas alcanzaron tanta difusión poética y tenaz vitalidad como ésta, poética explicación del canto nocturno del ruiseñor y del gárrulo chirriar de las golondrinas, amigas del hombre y de la naciente primavera.
I. Cazzaniga

