Famoso personaje creado por Pierre Augustin Carón de Beaumarchais (1732-1799) y protagonista de dos comedias muy célebres: El barbero de Sevilla (v.) y Las bodas de Fígaro (v.), así como de un drama menos conocido, La madre culpable (v.).
Francesco Augusto Bon (1788- 1858) le dio nuevamente vida en El testamento de Fígaro. Barbero lleno de vitalidad y de sentido común, adulador y entremetido en caso de necesidad, aun cuando sin bajeza, y siempre justificado por una actividad que necesita afirmarse a toda costa, Fígaro es, en parte, el astuto y alegremente despreocupado hombre del pueblo de la antigua comedia francesa, pero, en la creación de Beaumarchais, representa sobre todo al hombre nuevo que, libre del peso de toda tradición y de cualquier formulismo social, se halla capacitado, por la presteza de su ingenio y por su sentido práctico, para disputar con las clases dirigentes,, que se hallan al borde de la catástrofe.
Dice al conde de Almaviva (v.), en El barbero de Sevilla: «Para merecer vuestra confianza, no voy a recurrir a las grandilocuentes expresiones de honor y de afecto de que hoy tanto se abusa, sino que os diré sólo esto: de mí os responde mi propio interés». Y su conversación es toda ella una viva crítica de los privilegios de casta, convertidos en vana retórica, y una briosa y atrevida manifestación de superioridad frente al conde, quien se ve obligado a reconocer que ha hallado en su servidor a un maestro de la nueva vida que se iba imponiendo.
Distinto carácter tiene Fígaro en La madre culpable, en la que aparece con mayor madurez moral. Ya no es el representante de una clase, sino de sentimientos y pasiones que anidan en la intimidad del individuo. Hay en él la experiencia de una revolución aún no superada, y, al mismo tiempo, una inquietud moral y el afán de alcanzar una estabilidad espiritual y una conclusión tranquilizadora. Pero, precisamente por ello, destaca artísticamente de la vivacidad de su juventud la nobleza moral de su vejez, según sus palabras. Hallamos también a Fígaro como protagonista de diversas obras musicales; de ellas, las más importantes son: Las bodas de Fígaro, de Wolfgang A. Mozart (1756-1791), sobre el libreto de Lorenzo da Ponte (1794-1838); El barbero de Sevilla, de Giovanni Paisiello (1740-1816),’ y la del mismo título de Gioacchino Rossini (1792- 1868), sobre el libreto de C. Sterbini.
En la interpretación de Mozart, Fígaro palidece como figura social, pero, con todo, logra nuevas expresiones dramáticas y sentimentales que dan a comprender la proximidad del romanticismo; la de Paisiello es menos personal, pero, en cambio, es muy viva la de Rossini, que al poner de relieve la briosa vitalidad de Fígaro le transforma en un personaje de brillantes e inagotables dotes. Sin embargo, los tiempos habían cambiado; Fígaro, revolucionario en potencia en la mente de su primer creador, había pasado en pocos años a través de una revolución y una epopeya, y se entrega ahora al libre desahogo de la exuberancia algo exaltada e irreflexiva que sigue a los grandes acontecimientos y que caracteriza el segundo decenio del siglo XIX.
U. Déttore

