Fedón

Protagonista del diá­logo de este nombre (v.), el más famoso de los de Platón, a lo cual el personaje debe, precisamente, su celebridad.

Prisio­nero de guerra conducido como esclavo a Atenas, fue rescatado, por orden de Sócra­tes (v.), por Critón o por Cebetes; muerto Sócrates, volvió a Elide, su ciudad natal, donde fundó una escuela filosófica trasla­dada posteriormente a Eretria por Mene- demo y Asclepíades. Poco es lo que sabe­mos acerca de sus doctrinas filosóficas, excepto que cultivaba la dialéctica; los di­versos diálogos que le atribuyen los anti­guos no han llegado hasta nosotros.

En el Fedón, él mismo explica a Equécrates lo ocurrido en la cárcel en los últimos ins­tantes de la vida de su maestro; Fedón no es sólo un fiel discípulo, como Critón (v.) o Apolodoro (v.), sino un hombre do­tado de un verdadero espíritu filosófico que comprende la grandeza de Sócrates, quien, ante la muerte, únicamente atiende las ra­zones justas. En Fedón se equilibran la admiración hacia el filósofo y el amor a Sócrates hombre: «al pensar en aquel que dentro de poco iba a morir notaba en mí un estado espiritual verdaderamente singu­lar y una especie de inusitada mezcla de placer y dolor a la vez», dice a Equécrates al analizar las sensaciones experimentadas en el momento de la discusión sobre la in­mortalidad del alma que precedió a la muerte de Sócrates.

Tras las objeciones de Simmias y Cebetes, quienes con sus razo­namientos habían llenado de confusión a Fedón y a los demás, aguarda del maestro la respuesta que solucione sus dudas; y Só­crates, acariciando como acostumbraba los cabellos de Fedón, le pregunta si va a cor­társelos después de su muerte, y, ante la respuesta afirmativa, replica que si quiere creerle no debe hacerlo, puesto que sólo en el caso de que su razonamiento no fuera cierto ni tuviera posibilidades de serlo al­guna vez habría de cortárselos, como lo haría también el mismo Sócrates, y com­prometerse a no dejarlos crecer hasta haber vencido las argumentaciones de Simmias y Cebetes.

Esta sugestiva escena es una de las más famosas del diálogo. En su relato, Fedón evoca la intimidad de los últimos instantes pasados junto al amigo y recons­truye al mismo tiempo su profunda perso­nalidad moral; Platón ha confiado al dis­cípulo fiel e inteligente la más alta idea­lización del maestro.

A. Pasquínelo