[Evangeline]. Personaje de la novela La cabaña del tío Tom (v.), de Harriet Beecher Stowe (1811-1896). Esta dulce niña que tantas lágrimas ha hecho verter a los lectores de ambos continentes tiene «toda la gracia aérea de una figura mitológica»; su semblante cautiva no tanto por la belleza de su aspecto como por una expresión profunda y pensativa que llega hasta el alma.
Siempre en movimiento, su ligereza hace pensar que vuela, más que corre; a menudo canturrea como embriagada por un sueño feliz. No puede ver sufrir; en su corazón hay un cristiano sentimiento de fraternidad y de amor hacia todo el mundo, en particular para los humildes. La entristecen profundamente los sufrimientos de los pobres esclavos; se preocupa de su ignorancia y quiere enseñarles a leer para que puedan, por sí solos, consolarse en la lectura de la Biblia (v.).
No es extraño, pues, que los negros la adoren y que aun la indomable Topsy (v.) sea vencida por su dulzura. La enfermedad que la aqueja y consume parece, más que otra cosa, una nostalgia del cielo y una incapacidad para encerrarse en este mundo lleno de injusticia y tristeza: siente la proximidad del cielo con una certidumbre plácida cual los rayos del ardiente sol y dulce como la serenidad de un hermoso día de otoño, y en ella descansa su corazón, sólo turbado por la aflicción de cuantos la aman. La lectura de la Biblia junto a su viejo amigo el tío Tom (v.) le ha enseñado a conocer la figura de Aquel que amaba a los niños, en la que ha puesto tanto afecto que se ha convertido para ella en algo que vive y habla.
Con inteligencia precoz, observa disgustada las deplorables consecuencias del sistema social que la rodea, y sufre del contraste entre su deseo de dar alegría y libertad a todo el mundo y su debilidad física. «Comprendo — dice a Tom un día — que Jesús quisiera morir por nosotros, ya que cuando veo los sufrimientos de los pobres esclavos siento que moriría de buena gana si mi muerte pudiera poner fin a tantas miserias». Tras un último adiós a sus fieles esclavos, expira sonriendo a una visión de amor, de luz y de felicidad, y abandonando sin dolor sus mortales despojos. En la aérea figura de Evangelina la autora ha querido concentrar, idealizado con la gracia de la belleza infantil, el sentimiento de amor cristiano hacia los débiles y oprimidos que invocara en su generosa lucha en favor de la abolición de la esclavitud.
A. P. Map.chesini

