Eugenio Onieguin

Protagonista de la «novela en verso» del mismo nombre (v.), de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevič Puskin, 1799-1837), es uno de los tipos de­nominados, con no demasiada exactitud, «byronianos», que en Rusia aparecieron du­rante el segundo y tercer decenios del siglo pasado.

Su íntima relación con la realidad podría hacer pensar, más que en una in­fluencia directa del byronismo, en todo cuanto éste reflejó del ambiente general europeo de la época romántica. El mismo hecho de que pueda considerarse a Onieguin (cual lo hace el historiador Kliuchevski) como descendiente de un tipo ya exis­tente en Rusia en el siglo XVIII y, a la vez, como antepasado de los Pechorin (Un héroe de nuestro tiempo, v., de Lermontov), Beltov (¿De quién es la culpa?, v., de Herzen), Rudin (v.) y Lavrecki (v.), de Turguenev, y Oblomov (v.), de Goncharov, pertenecientes a los siguientes decenios, demuestra que Pushkin sólo en parte siguió una influencia literaria inicial y tomó luego el tipo de Onieguin de la observación del ambiente y de la intros­pección.

Jocosamente crítico ante su héroe, Pushkin no sólo puso de relieve las cuali­dades negativas del personaje, sino tam­bién, como lo reconoce a través de las palabras de la heroína Tatiana, su «orgullo, honor, corazón e inteligencia». La crítica, aun reconociendo en Onieguin elementos autobiográficos puestos en forma lírica, le atribuyó caracterizaciones diversas: «egoís­ta que sufre de su propio egoísmo» (Belinski); «hombre inútil por su defectuosa organización psíquica y por el contraste de su formalismo con la evolución de la sociedad culta» (Ovsianiko-Kulikovski); «soñador inquieto», «ruso vagabundo» y «embrión moral» (Dostoievski); y «hombre en cierto modo superior, obscurecido por la fuerza del mal y carente de toda virtud creadora, y, por ello, inerme ante el de­monio de la pereza» (Wenceslao Ivanov).

E. Lo Gatto