Elías Portolu

Personaje principal de la novela de su mismo nombre (v.) de Grazia Deledda (1871-1936). Es una figura compleja y atormentada como — sin necesi­dad de entrar en un examen introspectivo — se desprende claramente de la aventura que vive: encarcelado al principio, luego regre­sa a su casa y se enamora de la esposa de su hermano, de la cual tiene un hijo: irre­soluto en sus remordimientos, recibe la ordenación religiosa y cree haber hallado un principio de reposo cuando el niño muere.

Pero más que por los acontecimien­tos, Elías Portolu es caracterizado por la violenta forma en que se destaca de los demás personajes, expresada no pocas ve­ces en implícitas y eficacísimas alusiones a su figura física. Obsérvese en el primer capítulo, cuando Elías es alegremente aco­gido a su regreso de la cárcel, y véase cuántas veces la autora insiste en su pa­lidez: «Su largo encarcelamiento había blanqueado sus manos y su rostro», «su rostro y sus manos se destacaban entre todos aquellos rostros y aquellas manos bronceados», está «avergonzado por la blan­cura de su tez», y uno de sus familiares, observándole, se fija en «su cara de mu­chacha».

Y cuando está en el seminario, la clausura vuelve a blanquear sus manos y su rostro. En un mundo arcaico y patriarcal, Elías es, a pesar de los lazos de la sangre, un «extraño». A la humanidad de los demás, áspera y decidida en sus afec­tos y en su elocuencia, él opone la suya, morbosa e indecisa, sosteniendo durante toda la novela su condición de hombre que vuelve de la cárcel y del continente: como una especie de debilitación en virtud de la cual los instintos de la raza — la pasión amorosa y la pasión religiosa-—se revelan deformados en él por la alternan­cia de violencias y languideces.

F. Giannessi