El que Recebe las Bofetadas

Anó­nimo y pálido, atraído por el circo y por la vida multiforme y extraña que allí se Lleva o que él cree que debe nevarse, el protagonista del drama El que recibe las bofetadas (v.) de Leónidas Andreiev (Leonid Nikolaevič Andreev, 1871-1919) no es una figura nueva: hemos ya conocido, y sin duda seguiremos conociendo, en el ca­mino de las experiencias románticas a so­ñadores que, fascinados por la aventura, abandonan toda norma, toda vida regular y todo camino conocido.

El explorador de tierras lejanas, el gitano, ahora se ha hecho payaso, se ha enharinado el rostro y se ha perdido entre nuevos compañeros, que nada le recuerdan de sus viejas costumbres. Si lleva consigo un drama personal (aven­tura familiar a la que el poeta apenas alu­de), ello no le confiere ningún rasgo pe­culiar, sino más bien genérico y total, un peso de ideal vencido, de dureza de la exis­tencia y de incapacidad para vivir. Al igual que sus antecesores (que no hay que buscar únicamente en el Romanticismo ochocentista), anda en pos de un ideal que espera hallar en una evasión sin residuos, que limite con la muerte y con la locura.

Una pequeña «écuyère» será su reina: le ofrecerá guirnaldas de palabras, melancó­licos suspiros y profundo amor; y la mú­sica parecerá acompañar las melodiosas y soñadoras palabras del payaso a «Consue­lo», su ideal renacido. Cuando la brutalidad de la vida, bajo el aspecto del amor del barón, quiere arrebatarle la poesía que re­conquistó, sólo le queda la muerte: el ve­neno en la copa de champaña. ¡Morir! El último sendero: la evasión en el circo había sido una etapa hacia la meta inevi­table, donde ya no habrá derrotas.

G. Falco