Personaje de la balada El fiel Eckart y los Tannenhäuser (v.) de Ludwig Tieck (1773-1853), impresa por primera vez en las Poesías románticas y luego en el Fantaso. El único sentimiento que halla cobijo en el alma de Eckart es la lealtad a su señor, que él pone por encima del amor a sus hijos y de cualquier otro impulso de su temperamento.
En la segunda parte del relato esa lealtad está idealizada en la guardia perpetua que la sombra del caballero hace ante la entrada del reino de Venus. Eckart es un caballero dotado de todas las virtudes propias del héroe de los tiempos fabulosos: alto, fuerte y valeroso, bueno, piadoso y amable.
A pesar de una serie de aventuras trágicas y crueles, como si la fatalidad quisiera poner a prueba su leal corazón, en las que su señor da muerte a sus dos últimos hijos, Eckart no pierde su sentido de fidelidad; ni su desesperación, pintada con los más románticos colores, logra hacerle abandonar ni siquiera un instante su digna y altiva actitud. Sus momentos más humanos son aquellos en que le asalta el recuerdo de sus hijos.
Es una figura dibujada con pocos rasgos esenciales y muy alejada de todo modelo real; una figura típica de balada romántica, sobrenatural y simbólica, exagerada adrede en su fijeza, pero poderosa como un eco fabuloso de las figuras de los guerreros primitivos de las leyendas de los Nibelungos. La ión romántica es también perceptible en el ambiente en que Eckart está situado: lugares agrestes y bosques en plena tempestad.
También es típica la frecuencia de los versos que no tienen aquí, como en otros relatos románticos, una función de contrapunto lírico, sino una entonación narrativa, al modo característico de la balada.
V. M.a Villa

