Figura de la «acción en prosa» de su nombre (v.) de Lope de Vega Carpió (1562-1635), publicada en 1632. Dorotea, inteligente y joven, cuyo marido ha desaparecido en las colonias, sostiene desde hace cinco años relaciones amorosas con el joven estudiante don Fernando (v.), poeta de veintidós años y sin bienes de fortuna.
Dorotea se deja intimidar e influir por el desprecio de su madre Teodora y las insinuaciones de la alcahueta Gerarda (v.) y renuncia, con la mitad del corazón, a su estudiante, al cual atormenta con sus caprichos y fantasías, para prestar atención, con la otra mitad del corazón, a los homenajes del indiano don Bela, tan rico como liberal. Fernando, fuera de sí, se separa de su amante y abandona Madrid después de haber obtenido fraudulentamente, de su antigua enamorada Marcisa, el dinero para el viaje hasta Sevilla.
Dorotea, desesperada ante su partida, intenta en vano poner fin a sus días tragándose una sortija de diamantes. A pesar de la separación, los amantes no pueden olvidarse: se escriben cartas y versos que luego no envían, se embriagan de recuerdos, contemplaciones y apasionamiento por las bellas artes, y se complacen en hurgar en sus propias heridas. Apenas transcurridos tres meses, Fernando regresa a Madrid con su inseparable amigo Julio, y empiezan de nuevo las serenatas, los billetes amorosos y los celos.
Fernando hiere en duelo al indiano y se reconcilia con Dorotea, a quien ha encontrado en el Prado. Pero ese acuerdo no resiste a nuevos ataques de celos. Dorotea se entera de los amores de Femando con Marcisa y rompe, esta vez definitivamente, con el infiel. Don Bela, el pródigo americano, apenas restablecido de sus heridas, muere en una refriega con unos villanos que nada tienen que ver con la intriga amorosa de la obra.
Dorotea, dolorida por la muerte de aquel generoso amador y cansada de las delicias y de las penas del amor, piensa encerrarse en un convento. Fernando, víctima de la melancolía que en él despierta un astrólogo, se hace soldado y marcha a combatir a Inglaterra con la Armada Invencible. Gerarda, la alcahueta, excitada, cae a sus ochenta años de la escalera de su bodega y se rompe la cabeza. Y como hojas secas que el viento devastador arrastra en sus torbellinos, todos esos seres se desvanecen, con todo el ingenio y la gracia de sus rasgos y sus emociones.
K. Vossler

