[Dorine]. Personaje de la comedia El Tartufo (V.) de Molière (Jean- Baptiste Poquelin, 1622-1673). Bajo diversos aspectos, había sido ya antes de Molière, y siguió siendo numerosas veces después de él, la «sirvienta mandona» típica de la literatura dramática de todos los tiempos.
Pero sólo ella, la creada por Molière, es, en la firmeza de su dibujo que sólo pone en evidencia sus rasgos más esenciales y más humanos, un «tipo» cumplido y perfecto, que encarna y compendia en él a todas las demás Dorinas. Dorina es el sentido común, es la razón práctica arraigada a todos los «hechos» pequeños y grandes de la vida, que sus palabras sin afectación parecen guiar como si fuera el hilo de un ovillo que se va desenvolviendo poco a poco sin nudos ni enredos gracias a la habilidad de aquélla.
Pero es también algo más que el sentido común: es la propia inteligencia en su forma más tangible y menos abstracta, clarísima y vividamente popular y alejada de toda metafísica. Su núcleo central nada tiene que ver con la «piedad» mística, ni con el amor, la vanidad o la candidez. Dorina es el equilibrio, la medida totalmente humana de una existencia que se manifiesta en un comportamiento en todo momento lúcido, sin abandonos ni reservas; es, en la comedia, el correctivo y el estímulo de los diversos estados de ánimo y de las distintas situaciones, y quien dirige discretamente, como sin darse cuenta, todo el juego.
Si el protagonista determina las acciones, Dorina determina psicológicamente todas las reacciones: por ello es el personaje dialécticamente más necesario, que atraviesa con su sonrisa la amargura y con su franqueza la hipocresía que matizan los distintos momentos de aquellas existencias humanas tan estupendamente vivas en el breve marco del relato escénico. Y sobre todo, su profunda bondad atraviesa la obra del mal que serpentea entre los hombres y las cosas para corromper su sencillez y su fuerza y empañar la transparente honradez de que ella, la criada desinteresada y fiel, la sirvienta lista y clarividente, es en todo momento, y sin darse cuenta, el más vivo modelo.
G. Veronesi

