Héroe de El fauno de mármol (v.), del escritor americano Nathaniel Hawthorne (1804-1864). Tras la Italia de cartón que constituye el escenario de esta obra, vive el paisaje creado por la imaginación del autor, del mismo modo que detrás de la figura de Donatello, apuesto joven toscano, príncipe de Monte Beni y amante de Miriam (v.), se halla una genealogía que se remonta nada menos que a la Etruria prehistórica.
Su más antiguo progenitor, que vivió en la época en que «ninfas y sátiros… poblaban la tierra», era un fauno; y aunque no se dice que poseyera orejas en punta, Donatello, al igual que sus antepasados, no se halla totalmente desligado del fabuloso mundo primitivo que, lo mismo en la poesía de Hawthorne que en la filosofía de Vico, «precede» a una secular concepción humana. El fauno Donatello, íntimo de pájaros y animales terrestres, es a su vez «en sentido profundo y lleno de belleza, un animal: una criatura que se halla en un grado de desarrollo inferior al alcanzado por la humanidad, pero que aun así es tanto más perfecta dentro de sí por razón de aquella misma deficiencia».
Donatello es una de las numerosas variaciones (v. Holgrave, Hollingsworth, Perla y Pyncheon) sobre un tema común a todas las novelas de Hawthorne: una simbólica metamorfosis de lo prehumano o subhumano o mitológico en humano, y de la^ inocencia en experiencia. La figura fantástica llamada Donatello no tiene otra razón de ser que esa metamorfosis. Su sencilla exuberancia, despreocupada e infantil, suscita la admiración, entre encantada y envidiosa, de la misteriosa y joven pintora extranjera Miriam.
Ésta y sus amigos americanos, vagabundeando por aquel entonces por el Museo Capitolino, descubren su impresionante semejanza con el fauno de mármol de Praxiteles: una criatura en la que hombre y animal parecen avenirse y que vive sin la opresión del conocimiento moral, «como vivió la humanidad en su infancia inocente, antes de que el pecado, el dolor y aun la moralidad misma hubieran sido siquiera soñados». Por consiguiente, Donatello representa un papel que antes que él estuvo ya adscrito a la historia de su familia: amar a una mujer mortal, profanar con un delito cruento las claras aguas de Arcadia, pasar de la inocencia primitiva a la culpa humana y convertirse en hombre.
Impulsado a cometer un asesinato por amor a Miriam, Donatello pierde la inocencia moral del fauno para transformarse en un hombre que sufre. «Toda vida humana — comenta el autor — debe sufrir una transformación semejante, ya sea que se eleve hasta la verdad, ya que se hunda en lo real». (Los personajes más «característicos» — v. Tom Sawyer — de la vida y de la literatura americanas, marcados precisamente por su resistencia a aquella mutación o por lo menos a reconocerla, son considerados no sin razón por los europeos como terribles «niños» irresponsables). La comprensión moral, gracias a la cual, desde su primitivo universo de pájaros y de animales, el fauno emerge al denso y destructivo ambiente de la vida humana, exige que pague su pena en la cárcel. S. Geist

