Don Fernando

El protagonista de El príncipe constante (v.) tiene un carácter inusitado dentro del teatro de don Pedro Calderón (1600-1681); aunque centrado en un único rasgo anímico, aquí ocurre que el príncipe portugués queda rodeado de un suave halo lírico. Se niega heroicamente a aceptar su libertad, porque ello significaría la pérdida de Ceuta para el Cristianismo, y muere de los malos tratos del cautiverio sin desmayar en su fortaleza, y con admi­rable humildad, que le hace besar los pies del príncipe moro y prestarle todo su respe­to como hombre, no en el plano de los intereses de la religión.

Lejos de los silo­gismos tajantes tan frecuentes en la escena calderoniana, don Fernando de Portugal tiene acentos suaves, melancólicos y reflexi­vos— en su boca está puesto el famoso soneto a la fugacidad de las flores: «Estas que fueron pompa y alegría…»—. Un to­que de lirismo, pues, en un teatro más bien lógico y formalista.

J. M.a Valverde