Fernando

Personaje de la «acción en prosa» La Dorotea (v.), de Félix Lope de Vega (1562-1635). Contra las indicaciones del autor, se ha dado en atribuir carác­ter autobiográfico a este personaje, y, en realidad, Fernando posee todos los inconfundibles rasgos juveniles de Lope.

Ado­lescente, y entregado con ardor incansable a sus amores, él mismo va tejiendo las redes en las que está destinado a caer. Me­lindroso y rudo, pueril y grave, genial y necio, inquieto y aturdido, es tan capaz de pasarse noches enteras de invierno en la nieve, cual un mendigo, bajo la ventana de Dorotea (v.), como de abofetearla en un exceso de celos. Se deja comprometer en otra aventura, engaña a Dorotea como amante de Marfisa, y, en la ausencia, se consume suspirando por aquélla. De no existir una profunda sensibilidad y una íntima firmeza tras sus palabras y sus ex­cesos, sería un desenfrenado abúlico.

Cuan­do es necesario, sabe escuchar esta voz interior, y, en ocasiones, se halla dispuesto a renunciar a todo en favor del rey y de la Iglesia. Pierde continuamente la confian­za en sí mismo y en sus propósitos, hasta que, por reflexión u obligado por las cir­cunstancias, llega la hora crítica en que demuestra la rígida firmeza de su fe y su férreo carácter. Es un temperamento que no evoluciona, sino que mantiene su vita­lidad; engaña continuamente, y nos sor­prende y se manifiesta siempre bajo un nuevo aspecto.

En el fondo, permanece idéntico del primero al último actos, lo mis­mo cuando canta, con melancólico presentimiento, el célebre romance de la vida íntima y la vida mundana: «A mis sole­dades voy, / de mis soledades vengo», que cuando descubre, al final de la obra, que el inquieto anhelo de su pecho sólo puede calmarse trocando la pluma por la espada.

K. Vossler