Don Adriano de Armado

Perso­naje de la comedia Penas de amor perdidas (v.) de William Shakespeare (1564-1616). Es una de las variantes del tipo del «capi­tán español» de la «commedia dell’arte» (v. Capitán Fracassa) y constituye el ejem­plo de una afectación pedantesca bastante parecida a la de otro personaje del drama, Holofernes (v.), hasta el punto de que para Armado se ha mencionado el nombre del humorista Giovanni Florio como posible modelo viviente.

También Armado Se com­place en los peregrinos circunloquios y en las palabras raras, o mejor aún, en dar for­mas extravagantes a palabras comunes; y para que su ceremoniosa verborrea resulte aún más absurda Shakespeare le hace re­currir a ella para cortejar a una campe­sina, Giacometta.

Cuando el villano Zucca le acusa de haber dejado encinta a la mu­chacha, Armado protesta: «¿Quieres acaso infamarme entre los potentados? ¡Vas a morir!», pero se niega a desafiar a Zucca porque para ello debería ponerse en man­gas de camisa y su vergonzoso secreto es que no lleva camisa debajo del jubón: no la lleva, dice excusándose, porque por pe­nitencia ha hecho voto de llevar lana so­bre la carne.

Más bien, apunta uno de los guasones, lo que debe de llevar sobre el corazón, como prenda de amor, es algún estropajo de su dama. Idealización de una aldeana, pundonores y extravagancias de lenguaje hacen de don Adriano un «fan­tástico» que guarda cierto parentesco con Don Quijote (v.).

Finalmente «vislumbra el día del ultraje a través de la mirilla de su juicio» y decide al cabo reformarse, como soldado y hombre de honor que es, y hace voto de pasar tres años consecutivos empujando el arado por amor a su inolvi­dable Giacometta.

M. Praz