Diana de Crossways

Protagonista de la novela de su nombre (v.) de George Meredith (1828-1909). Es una joven dama irlandesa, llamada «la perla negra» y «el lirio de Irlanda» por su morena belleza en la que se puede admirar la rara unión de ésta con el espíritu.

Es «una de aquellas mujeres cuya inteligencia anima todo cuan­to hace»; su aspecto armoniza en todo mo­mento con su situación, su carácter o las circunstancias presentes; su espíritu «al­ternativamente baja, planea, roza la tierra, ora generalizando caprichosamente, ora abatiéndose como una flecha sobre los ob­jetos»; es «una compañera real, un espí­ritu que salta y resplandece como un arro­yo de montaña» y en ella puede verse una unión de las cualidades del corazón y de la cabeza, de un carácter generoso y de una inteligencia sutil, de una feminei­dad natural y de una astucia e intuición más que femeninas, como sólo se hallan en ciertas heroínas de Shakespeare, espe­cialmente en Rosalinda (v.).

Aunque ca­prichosa y entusiasta en su primera ju­ventud, nunca se burla del sentimiento ver­dadero, pues una profunda seriedad la im­pulsa a protestar contra las hipocresías del mundo en que vive y contra la vileza fí­sica y moral que domina por doquier. La experiencia de un matrimonio desdichado con un «funcionario caballero», «capaz para la vida, pero trivial al lado de su esposa», ha despertado en ella una aversión «bas­tante fuerte para impulsar su altivez feme­nina a exigir una independencia perfecta que, a la vez que le dé la paz, permita desplegar las alas a su imaginación».

En su nueva vida, Diana tiene una sensación de fuerza que ignoraba cuando era «una planta exótica de salón» y se siente presa de una «verdadera pasión por la realidad»; siente que vuelve a sus años mozos, con una visión más amplia y una conciencia más segura, «con el conocimiento del mal y la tendencia a una felicidad espiritual­mente ideal». Pero el amoroso vínculo que la ata a un hombre al que se ha entrega­do con apasionada devoción y que no sabe comprenderla, y en determinado momento la abandona, llega a provocar en Diana una ruptura y un paroxismo de dolor en el que cede a sus propias pasiones e invoca a la muerte.

Pero la caída ha servido pre­cisamente para renovarla, y «la sencillez saludable de la mujer» vuelve a crearla joven y nueva, de tal modo que por fin encuentra la paz en el amor de un hombre que sabe ver en ella un alma ansiosa de perfección, y cuya «luz gris» le confiere un sentido de mayor seguridad, como no había hallado en los fulgores de ninguna, otra pasión.

Meredith tomó de la realidad algunos rasgos de este personaje: Mrs. Caroline Elizabeth Norton, que fue, como Diana, escritora y autora de diversos opúscu­los en favor de los derechos de la mujer, se vio también perseguida por un marido rudo y violento y sus relaciones con el primer ministro lord Melbourne dieron lu­gar a una causa célebre de la que su repu­tación salió inmaculada, pero fue también víctima de un escándalo que injustamente le atribuía la revelación de un secreto po­lítico y que sirve de base a la intriga cen­tral de la novela de Meredith. El persona­je de Diana representa la más notable apor­tación de Meredith a la causa de la eman­cipación de la mujer.

P. Marchesini