Deslauriers

Personaje de la Educa­ción sentimental (v.) de Gustave Flaubert (1821-1880). Amigo íntimo del protagonis­ta Federico Moreau (v.), parece destinado a contraponerse a él en cada uno de sus numerosos encuentros a lo largo de la no­vela, sin que ello sea obstáculo para que se halle después a su lado en el fracaso final.

Juntamente con muchos rasgos a lo Balzac, el principal resorte del carácter de Deslauriers es un romántico exceso de am­bición y su desenfrenado deseo de riquezas y poder. Ambos amigos, Moreau y Deslau­riers, se han jurado mutuamente vivir jun­tos en el futuro y mantenerse fieles a sus brillantes sueños de colegiales. Pero, en contraste con los intereses literarios y ar­tísticos de Federico, Deslauriers piensa en «un vasto sistema filosófico», y estudia ávidamente a los pensadores sistemáticos y a los reformadores sociales; cada vez más inclinado a las ideas democráticas y revo­lucionarias, sueña en un nuevo 1789.

En París, envidia a Moreau sus relaciones so­ciales y le censura su incapacidad de sa­carles fruto; envidia sobre todo a su ami­go la fortuna que ha heredado, y critica el mal uso que hace de ella. Su anhelo es fundar un periódico, donde pueda libre­mente despotricar contra el Gobierno, la Iglesia, la Academia, la Escuela Normal, el Conservatorio, la Comedia Francesa, en una palabra, contra todo cuanto ese «futuro Mirabeau» considere merecedor de destruc­ción o reforma.

Mientras tanto tiene que contentarse con su poco pingüe profesión de abogado, pero exige de Federico, en nombre de sus antiguos pactos, que corra con los gastos del periódico y tiraniza a una pobre muchacha de la que ha hecho su amante. Bajo el pretexto de su profesión, intenta una aventura amorosa, que fracasa, con Madame Arnoux, frecuenta con asidui­dad la casa de Rosannette (v.), y aspira a introducirse en la de los Dambreuse, con la ilusión de lograr con ello quién sabe qué ventajas para su carrera.

Después de la abdicación de Luis Felipe, considera que ha llegado por fin su hora de salir de la sombra; pero en lugar de ello, nombrado comisario en una provincia, sufre en este cargo innumerables vejaciones, hasta que se decide a volver a casa de Federico, el cual se esfuerza en procurarle un nuevo puesto. Pero una vez más Deslauriers no tiene demasiado en cuenta sus deberes de amigo ya que en Nogent acaba refiriendo a la familia de Moreau todas sus aventuras y luego se casa con la pequeña y rica Luisa, enamorada de Federico y considera­da como novia de éste.

Poco tiempo des­pués del matrimonio, Luisa huye con un cantante, de modo que, en el último ca­pítulo, entre Deslauriers y Federico se han desvanecido las razones de rencor. Ambos, después de haber consumido su juventud en tentativas inútiles por caminos distin­tos, sólo ven ante sus ojos una obscura existencia provinciana. Y Deslauriers hace de eco a las desconsoladas palabras con que su amigo cierra la evocación de sus recuerdos comunes.

B. Dal Fabbro