Condesa Valeria

Protagonista del drama El secreto de la condesa Valeria, del escritor neogriego Gregorio Xenopoulos (n. 1867). La conde­sa es el tipo de la vieja aristócrata de Zante, poseedora de toda nobleza y virtud.

Apegada a la tradición que tiene para ella fuerza de ley, la vieja condesa guarda un secreto de familia con un sentido de deber sacro en el que concurren el respeto a los antepasados y la caridad cristiana. Tal «se­creto» consiste en una medicina para los ojos, que las mujeres de su familia van transmitiéndose religiosamente desde mu­chos años en el momento de la muerte. El remedio milagroso, no obstante, debe ad­ministrarse libremente a quien sea, sin aceptar dádiva o compensación alguna.

La vieja condesa conserva el secreto, conscien­te de perpetuar con ello una misión, y, así, cuando la familia, ahora venida a menos, se resigna a venderlo a un negociante que tiene intención de explotarlo, aquélla, al principio, se opone y resiste, por cuanto entiende que ello equivaldría a mancillar su ideal y el honor familiar. No obstante, cuando le hacen ver que debe elegir entre el secreto y la ruina de la familia, da su consentimiento, pero con tal que no sea ella sino su nuera quien lo venda.

Y puesto que el secreto únicamente puede ser trans­mitido en el momento de la muerte, de­cide envenenarse para así poder cumplir la condición requerida. Antes de morir, la anciana señora se entera de que el ne­gociante ha sido identificado como estafa­dor y que, por lo tanto, su sacrificio será en vano. El drama de la condesa Valeria reside en su fidelidad a las leyes de honor de su familia, aun a costa de la vida, y en la trágica inutilidad de su sacrificio.

Su figura se destaca por efecto del contraste con las generaciones siguientes, personifi­cadas, respectivamente, en su hijo y su nieto. En tanto ella es celosa depositarla de las tradiciones de sus mayores, la se­gunda generación está pronta a desenten­derse de ellas en caso de necesidad, y la tercera no tiene el menor reparo en hacerlo.

M. Siguro