Conde Arnau

[Comte Arnau]. El mito del conde Arnau, uno de los más-difundidos en Cataluña, ha sido tratado literariamente por sus poetas modernos más importantes: Verdaguer, Guimerá, Maragall, Carner, Sagarra, etc. (v. El Conde Arnau). Según la tradición, el alma del conde Arnau fue con­denada a vagar eternamente por no haber cumplido su misión en la vida.

Es un tema que encontramos en el folklore y en la literatura de otros países. La condenación del conde consiste en la imposición, tras la muerte, de lo que durante su vida fue su afán y su pasión: la acción y la experien­cia. «Es un ser empujado por el remolino de la experiencia» — ha dicho acertadamen­te el filósofo Ferrater Mora—. Pero el imperativo que llevaba a experimentarlo todo, no nace de la ciencia y de la meditación — añade el mencionado filósofo —, como en el caso de Fausto, sino del estrato más pri­mario, elemental e instintivo de la persona.

Pero en el conde Arnau la vida que tuvo, con todos sus valores, se trasvasa al más allá. Por esto, en su condenación conserva en forma prodigiosa su humanidad: sus afectos inmediatos y familiares, sus intere­ses y, sobre todo, su afán de salvación. Esto es lo que le hace trágico y humano a la vez, lo que da características tan reales y a la vez tan fantásticas a su figura.

Por esta razón quien mejor había de tratar el tema era Maragall, profundamente influido por la doctrina nietzscheana y exaltado vitalista que quería proyectar sobre el más allá nuestra vida humana. Maragall, imbui­do por las ideas del Romanticismo alemán sobre la eficacia de la poesía, hace que por la gracia de ésta se redima el conde. Así este personaje mítico se ha ido enriquecien­do a medida que lo han interpretado los poetas en su afán por llegar a convertir­lo en el personaje prototipo de Cataluña. No en vano, en la acción que persigue una finalidad se ha visto la representación del temperamento catalán.