Cisti el panadero

Personaje del Decamerón (v.) que figura como protagonista del segundo cuento de la sexta jomada. Es una figura ideal de aquella vasta re­presentación cívica que inspiró plácidamente a Boccaccio (1313-1375) en su obra maestra. A semejanza del Cacciaguida dantesco, el panadero Cisti es ante todo el representante de una sociedad poéticamente lisonjeada y es, a su manera, un caballero de amabilí­simas y discretas virtudes.

Para darse cuenta de ello basta contemplar su aspecto físico, su «blanquísima chaqueta y su delantal siem­pre recién planchado». Y más aún valen al­gunas alusiones a su conducta: «Se hacía llevar un cubo nuevo y recién estañado lleno de agua fresca y un jarrito boloñés nuevo también, lleno de su excelente vino blanco, y dos copas que por lo brillantes parecían de plata». Todos los detalles de esta descripción, e incluso el diminutivo «jarrito», sugieren imágenes que proyectan sobre el personaje otros tantos reflejos de gentileza.

La aventura que le ocurre es muy sencilla, y se resuelve, después de una graciosa equivocación, regalando a un señor florentino una barrica de aquel vino tan exquisito («…y hecho llenar un barrilito de semejante vino y mandando amablemen­te que lo llevaran a casa de micer Geri…»), pero es en el fondo un importantísimo elemento para determinar la poética boccaccesca. Una poética en la que no existen claroscuros ni disonancias, si hemos de creer que Cisti es el símbolo de aquella misma graciosa amabilidad de que nacen en otros casos las burlas y las carcajadas e incluso la implícita y señoril admiración por la divertida maldad de Ciappelletto (v.).

F. Giannessi